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El 5 a las 5 Featured

Luis García Montero/InfoLibre

He tenido la suerte de que el Patronato García Lorca de la Diputación de Granada me conceda este año su Pozo de Plata, la distinción que reconoce una vocación personal vinculada a la obra del poeta de Fuente Vaqueros. El acto de entrega, celebrado el 5 de junio en recuerdo del día en el que nació el poeta, se llenó para mí de un tiempo pleno de tiempos cruzados, imágenes que se abrazan para formar un presente perpetuo.

Resultaba lógico que volviesen las imágenes de un 5 de junio de 1976, un día luminoso al final de una dictadura gris, en el que Granada se dio cita en la plaza de Fuente Vaqueros para homenajear al poeta asesinado 40 años antes. El autor más nacional y más español desde Lope de Vega, según un famoso ensayo de Dámaso Alonso, fue asesinado por unos golpistas que se autollamaban nacionales para robar el nombre de España en favor de su egoísmo y su barbarie particular. Cuando mataron a García Lorca ya había fracasado su golpe de Estado, pero no dudaron en vender su país a Hitler y Mussolini para que lo utilizasen como campo de pruebas de sus armas y sus exterminios. A cambio se quedaron con el poder durante 40 años.

Yo iba a empezar en septiembre de 1976 mis estudios de literatura en la Universidad y ya estaba en contacto con la herencia y la realidad de la lucha antifranquista. Pero el aire de libertad que se respiraba en aquella cita de Fuente Vaqueros el 5 de junio a las 5 de la tarde no flotaba sólo sobre las organizaciones clandestinas que habían preparado el acontecimiento. Mi madre, una mujer conservadora, no miraba con buenos ojos las inclinaciones políticas de su hijo mayor capaz de discutir lo que la familia consideraba más sagrado. Sin embargo no dudó en regalarme un póster de García Lorca, su rostro joven y la mano apoyada en la mejilla, que compró en un puesto que había colocado la organización en medio de la ciudad para recaudar algo de dinero. La libertad flotaba en el ambiente.

Todavía conservo ese póster. También conservo el billete del autobús que me llevó desde Granada a Fuente Vaqueros. Por la mañana se había celebrado un acto en el Hospital Real, en el que tuve la oportunidad de conocer a Blas de Otero; por la tarde, me esperaba una plaza en la que mi yo de 18 años se sintió unido a un nosotros inmenso, lleno de voces y de tiempos. 1898, 1931, 1936 y otras muchas fechas cantaban allí, pidiendo democracia ante la policía armada de Fraga Iribarne.

Los secaderos de la Vega estaban llenos de coches de policía y de autobuses grises. La superioridad tomó conciencia de la dimensión política del homenaje al poeta y redujo el acto a media hora. Después de 40 años de silencio, sólo nos dan media hora, dijo desde el escenario Manuel Fernández Montesinos. Pero esa media hora no se ha acabado nunca.

Una media hora que dura 43 años ya y que se llena, a través de distintos recuerdos, de nombres muy presentes, aunque se hayan ido. Isabel García Lorca, Juan de Loxa, Juan Carlos Rodríguez, Enrique Morente, Javier Egea... Imágenes de mi propia vida, del muchacho que en 1980 publicó su primer libro y que en 1981 empezó a dar clases como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras.

Muchos recuerdos estuvieron conmigo este pasado 5 de junio en Fuente Vaqueros. Pero hubo algo que fue más poderoso que mi orgullo y mi melancolía. Tomé conciencia de que aquella democracia por la que luchábamos ha cumplido más de 40 años. ¿Qué significa eso? Pues que la vida constitucional que tenemos debe ejercerse con un orgullo precavido.

El respeto a la democracia es el respeto a las instituciones del Estado. Respetar las instituciones implica respetar las leyes que ordenan la convivencia y vigilar para que esas leyes y ese orden respondan a los valores democráticos. La democracia debe flotar en el ambiente.

Confieso que me ha incomodado mucho la argumentación del Tribunal Supremo al suspender la exhumación de los restos del Franco homenajeados todavía en el Valle de los Caídos. Más que la suspensión cautelar, que puede discutirse y aceptarse para evitar repercusiones contradictorias con la sentencia definitiva, lo que es del todo inadmisible es que cinco magistrados acepten hoy de forma natural la historiografía franquista en sus razonamientos. No señores, Franco no fue Jefe del Estado desde el 1 de octubre de 1936. En esa fecha Franco era un golpista, causante de una guerra injustificable.

El joven de 18 años que estuvo un 5 a las 5 en Fuente Vaqueros tiene ahora 60 años. Considera tristísimo que la justicia se haya desetendido durante tanto tiempo de las peticiones de reparación planteadas por los familiares de las víctimas del franquismo. Y considera que defender la democracia es comprometerse a cumplir las órdenes de un Tribunal Supremo, pero también trabajar para que no pueda haber en ningún tribunal jueces identificados con las mentiras y las crueldades de una dictadura. Defender las instituciones es vigilar su transparencia democrática.

Por eso me alegra tanto que la memoria de García Lorca defienda todavía con su prestigio internacional el descanso honroso de los casi 3.000 granadinos asesinados en los barrancos de Víznar y Alfacar por el abuelito de la familia Franco.

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