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La entrevista del Tuareg en latalaya.org. Miguel Urbán: “El crecimiento de la extrema derecha está estrechamente ligado a la extensión de las políticas neoliberales” Featured

A la extrema derecha se le combate con políticas de izquierdas que ilusionen a las clases populares y con organización que evite que en ningún barrio, en ningún centro de trabajo o estudio puedan entrar. Porque la política, como la naturaleza, aborrece el vacío, y en el vacío crecen los monstruos.

Los gobiernos en minoría son inestables desde el punto de vista del Ejecutivo, pero más democráticos desde el punto de vista del Legislativo.

Equipo Tuareg, 25/06/2022 .- Miguel Urbán es ante todo un activista social, militante de Anticapitalistas, cofundador de Podemos y autor de diversos ensayos. Desde 2015 eurodiputado en el grupo de la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica donde coordina las comisiones parlamentarias de Desarrollo y de Derechos Humanos, además de ser miembro de la comisión de Libertades civiles y de las delegaciones de América Latina, Brasil y Mercosur.

Desde marzo de 2015 usted es eurodiputado adscrito al Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica (GUE-NGL); primero, como diputado-portavoz de Podemos y desde 2020 de Anticapitalistas. Durante este tiempo han ocurrido cambios significativos en el conjunto de la UE, entre ellos la retirada de política institucional de la canciller Ángela Merkel y el cambio de la política económica dictada por esta, pasando de la austeridad a la expansión en la crisis generada por la covid-19. Como parlamentario, ¿cómo ha vivido los cambios que se han producido en estos 7 años?, ¿qué valoración hace de los mismos?

Europa está atravesada por numerosas crisis. El propio proyecto de la UE está en disputa. Y todo ello en un contexto de emergencia climática y de reconfiguración del tablero geopolítico en el que la UE pierde peso. La mal llamada crisis de refugiados de 2015, el Brexit, la pandemia y su “recuperación”, el cambio climático, la guerra en Ucrania... A la UE le pasa como al mercado: vende muy bien muchas propuestas, pero, a la hora de la verdad, está siendo incapaz de estar a la altura de los grandes desafíos de nuestra época. El proyecto de globalización neoliberal está inmerso en una crisis de legitimidad. Hay una disputa entre viejas y nuevas potencias por ver quién hegemoniza la dirección política global en el próximo periodo. La UE siente que cada vez pinta menos y que tiene menos mimbres para resituarse. De ahí el aumento de la agresividad tanto interna como externa: devaluación salarial, aceleración de la agenda comercial exterior, militarización de fronteras, acaparamiento de recursos, refuerzo de la industria militar. Vivimos tiempos de doctrina del shock y las élites aprovechan cada crisis para normalizar lo excepcional. Ahora bien, durante estos 7 años nunca había visto tanta unidad entre las élites europeas como desde que comenzó la invasión de Ucrania. Parece que la UE ha encontrado en el enemigo común el pegamento interno que buscaba tras tantos años de crisis.

Desde la privilegiada visión que tiene desde Bruselas, ¿qué valoración hace de la invasión de Ucrania por Rusia y la consiguiente guerra? ¿Se puede limitar el origen de esta a los deseos expansionistas de un “loco dictador”, como diariamente nos bombardean desde los medios occidentales o, por el contrario, hay causas más complejas y profundas?, ¿Qué papel están jugando EEUU y la OTAN en la crisis?

Es importante caracterizar bien un conflicto que se está produciendo en varios niveles y huir de simplificaciones. Se trata en primer lugar de una agresión imperialista de Putin contra Ucrania. Pero esta tiene lugar en un contexto de guerra civil dentro del país que dura ya desde 2014. Y, a su vez, la invasión es usada por otros actores, principalmente los miembros de la OTAN, para profundizar un choque inter-imperialista que tiene a Ucrania como escenario de una guerra-proxy. Son tres tipos de conflicto diferentes, con particularidades propias, que se complementan en algunos aspectos, pero que requieren niveles de análisis y respuestas diferentes desde la izquierda. En Ucrania se está produciendo un choque entre potencias, una lucha de liberación nacional y un conflicto bélico interno. Y creo que buena parte de las discusiones al respecto dentro de las izquierdas han venido precisamente de un problema de “caracterización excluyente”, como si hubiese que elegir entre estas dimensiones.


En Ucrania se está produciendo un choque entre potencias, una lucha de liberación nacional y un conflicto bélico interno


Putin es el problema. Pero la OTAN no es la solución. No se acaban las guerras con más guerra. Y una guerra también es un agente de derechización del tablero político. Las prioridades y las alianzas se realinean en un clima bélico, reaccionario y macartista que censura y penaliza cualquier posición crítica ante el papel de Europa en la escalada bélica. Cuanto más dure la guerra en Ucrania, más durará el ambiente militarista, reaccionario y ultranacionalista y este marco propicio para nuevas doctrinas del shock.

Ahondando en la posición de la UE y la OTAN, ¿considera que las sanciones económicas impuestas a Rusia pueden ser efectivas para doblegar a esta potencia nuclear o, lejos de ello, pueden tener peor repercusión en las economías de los países sancionadores?

Desde Anticapitalistas siempre hemos sido muy críticos con las sanciones. Por lo general golpean a los pueblos que sufren en primera persona a quienes esas sanciones van supuestamente destinadas. Y en muchas ocasiones contribuyen a cerrar filas con el régimen sancionado. En el caso ruso, es fundamental apuntar bien a la oligarquía que sostiene al régimen de Putin. Entre otras cosas porque, de lo contrario, igual nos encontramos dentro de unos años con una crisis humanitaria de origen ruso mucho mayor que la que estamos viendo en Ucrania. Desde la izquierda europea estamos planteando dos medidas concretas que se podrían adoptar ahora mismo: en primer lugar, que la UE y sus Estados Miembro cancelen la deuda externa ucraniana para que el dinero que ahora destina la economía ucraniana al pago de intereses se dedique a la reconstrucción del país. En segundo lugar, hemos propuesto que se abran los registros de los paraísos fiscales que existen dentro de la propia UE para identificar los fondos que allí ocultan los oligarcas rusos y así poder expropiarlos y destinarlos a la ayuda humanitaria a Ucrania. Ambas propuestas han sido rechazadas por socialistas, liberales y la derecha del Parlamento. ¿Por qué? Porque tocan también los intereses de las élites europeas. Y la solidaridad de boquilla casa mal con la cartera. Las oligarquías se protegen entre sí.

Por otra parte, ¿puede Europa sustituir a corto y medio plazo las materias primas que suministra Rusia, desde el gas y el petróleo a los fertilizantes y cereales? En un conflicto que puede ser largo, ¿qué gana y qué pierde la UE?

Esta guerra, como la pandemia, ha enseñado al mundo las costuras de la globalización neoliberal y el lugar de Europa en la economía mundial. Cadenas de valor kilométricas plagadas de asimetrías, injusticias y dependencias. Con la COVID descubrimos que en la UE no se producían ni mascarillas y con la invasión de Ucrania que ya apenas se plantan cereales. Y al calor de la guerra, vemos cómo el gas o la energía nuclear se convierten de repente en “fuentes de energía verde”, saltándose los supuestos compromisos climáticos de la UE. En una reciente resolución parlamentaria sobre sanciones a Rusia los grandes grupos de la eurocámara incluyeron la necesidad de acelerar nuevos acuerdos comerciales con países del Sur Global para obtener las materias primas que ahora no llegan. Pura doctrina del shock. Pero en ningún caso se pone encima de la mesa la que es la única solución sensata: relocalizar la economía, acortar las cadenas de valor, impulsar una industrialización sostenible, un cambio de modelo productivo y una transición energética verdaderamente profunda, decreciendo en la producción, consumo y comercio de aquello que sea social y medioambientalmente insostenible y fuente de nuevas dependencias.


Esta guerra, como la pandemia, ha enseñado al mundo las costuras de la globalización neoliberal y el lugar de Europa en la economía mundial.


Independientemente de la condena que siempre tiene el agresor y la razón de las víctimas, ¿considera que esta guerra hay que “ganarla” con las armas como pretenden los países occidentales o la salida solo puede venir por la vía de la negociación?

Las guerras siempre se combaten con armas y con negociaciones. A veces hay demasiado fetichismo con unas y con otras, cuando suelen ir de la mano. La política es también el arte de combinar palos y zanahorias a todas las escalas. Yo no me opongo en absoluto a la demanda legítima del pueblo ucraniano a autodefenderse. Lo que me parece aberrante es que ese derecho inalienable esté siendo utilizado por otros actores para avanzar sus intereses geopolíticos en la región. Las élites europeas y el imperialismo norteamericano están utilizando esta guerra como un momento de reordenación capitalista e imperialista de hondo calado en el contexto de un desorden geopolítico global y de crisis ecológica. En donde la disputa por los recursos escasos será cada vez más intensa y violenta. En este sentido, el reclamo abstracto del envío de armas por parte de la OTAN y la UE a Ucrania aludiendo a su derecho a la defensa no puede descontextualizarse de los intereses inter-imperialistas en curso y de cómo dicha contribución armamentística es un elemento central en la legitimación de la remilitarización europea. Por ello, resulta políticamente desastroso que una parte de la izquierda se haya sumado a las veleidades militaristas del imperialismo norteamericano y europeo. Obviamente, Ucrania tiene todo el derecho a resistir la invasión de Putin, pero ni la OTAN ni ningún imperialismo armará jamás a ningún actor que no defienda abiertamente sus mismos intereses imperialistas. 

La invasión criminal de Putin ha permitido cohesionar a la opinión pública de la UE sobre la base de un fuerte sentimiento de inseguridad ante las amenazas externas, legitimando su remilitarización (que es mucho más que el aumento del gasto militar antes mencionado). A la vez que permite a la OTAN diluir toda veleidad de independencia política de la UE mientras recupera una legitimidad y una unidad perdidas tiempo atrás, especialmente tras el fracaso de la ocupación de Afganistán. La incorporación de Suecia y Finlandia es una buena muestra del resurgimiento e impulso que ha tomado la OTAN, la mayor alianza militar nunca conocida, ampliando con mucho los marcos alcanzados durante la Guerra Fría. Porque, más allá de apreciaciones de táctica militar, lo que está fuera de toda duda es que los auténticos ganadores hasta ahora de la invasión rusa de Ucrania son el imperialismo norteamericano, el militarismo de la UE y las empresas que fabrican muerte.

Hablemos de otro de los asuntos que nos consta que son de su preocupación y que lo aborda en sus libros El viejo fascismo y la nueva derecha radical (2014) y La emergencia de Vox. Apuntes para combatir a la extrema derecha española (2020): el ascenso de la extrema derecha en Europa y en España. ¿Cuáles son los elementos que han propiciado el resurgir de estos nuevos fascismos?

La ultraderecha nunca se fue. En muchos casos se quedó hibernando dentro de otras formaciones de derecha más amplia. El caso español es significativo: antes de la irrupción de VOX, ya había muchos militantes y representantes públicos de ultraderecha, pero llevaban las siglas del PP. Terminológicamente, a mí me gusta más hablar de extremas derechas, derechas radicales y neoliberalismo autoritario, o en algunos casos de pos-fascismo, siguiendo a Enzo Traverso. Hay muchas particularidades, diferencias y elementos de actualidad que dificulta asemejarlo al fascismo clásico. Básicamente porque este respondía principalmente al ascenso del movimiento obrero, algo que hoy desafortunadamente no ocurre. Pero todas estas expresiones radicales también tienen elementos comunes. De ahí que sea apropiado hablar de una Internacional Reaccionaria que va desde Bolsonaro a Modi, desde Trump a Putin, y desde Lepen a Salvini.


“…antes de la irrupción de VOX, ya había muchos militantes y representantes públicos de ultraderecha, pero llevaban las siglas del PP.”


El crecimiento de la extrema derecha está estrechamente ligado a la extensión de las políticas neoliberales. Porque más allá de los recortes y privatizaciones concretas, la austeridad es, como afirma el economista Isidro López, la "imposición" para un 80% de la población europea de un férreo imaginario de escasez. Un "no hay suficiente para todos" que abre la puerta al “entonces algunos sobran”. La escasez como motor de los mecanismos de exclusión. Aquel fenómeno que Habermas definió como “chauvinismo del bienestar” y donde se cruzan las tensiones siempre latentes entre el estatuto de ciudadanía y la identidad nacional. Situaciones en los que el malestar social y la polarización política se canalizan a través su eslabón más débil (el migrante, el extranjero o simplemente el "otro"), eximiendo así a las elites políticas y económicas responsables reales del expolio.

Y al malestar social que han provocado décadas de políticas neoliberales se le suma la incertidumbre e inestabilidad global generada por una globalización capitalista que ha hecho que el futuro aparezca más como amenaza que como esperanza; y, en fin, estas fuerzas reaccionarias también crecen en el vacío que dejan las fuerzas de izquierdas en su continua pérdida de protagonismo y sus dificultades para ofrecer respuestas y alternativas a ese malestar e incertidumbre.

Ahondando en la estrategia, en las medidas para parar el ascenso de la extrema derecha, ¿qué opinión tiene del denominado cordón sanitario? ¿Considera que puede ser efectivo o por el contrario lo que hay que abordar son las causas de esa derechización de amplias capas sociales que en muchos casos es la propia clase obrera?

El cordón sanitario hace tiempo que dejó de existir en la práctica. En Europa, especialmente entre 2017 y 2020, funcionó una especie de dicotomía-trampa que reducía la política de lo posible a una elección entre dos únicas opciones: el nacionalismo reaccionario o el globalismo neoliberal. Lepen o Macron. Trump o Clinton. Era un binomio tramposo no solo porque escondía todas las demás posibilidades, sino porque en el fondo ambas opciones funcionan como dos caras de la misma moneda. En la UE esto ha sido muy evidente: el extremo centro neoliberal de la gran coalición que forman en la práctica socialistas, liberales y conservadores, ha ido progresivamente asumiendo parte de la agenda de esta Internacional Reaccionaria, sobre todo en lo que respecta a política migratoria o de seguridad. Y, en la otra pata del binomio, las extremas derechas han ido abandonando su verborrea euroescéptica mientras acataban el mismo programa económico neoliberal. Solo hay que mirar los programas electorales de Salvini o de VOX. Esa contaminación mutua ha generado un neoliberalismo autoritario que hoy gobierna la mayoría de Europa y que ha roto las fronteras que dibujaron antaño aquel cordón sanitario. La prueba la hemos visto en la segunda vuelta de las legislativas francesas o en los pactos de gobierno autonómicos entre el PP y VOX. El extremo centro y la extrema derecha bailan juntos.

De ahí que, desde las izquierdas, sean suicida las estrategias “frentepopulistas” de unirse al resto de “fuerzas democráticas” para frenar a la extrema derecha. Primero porque contribuimos a barnizar al extremo centro con una capa social y democrática que no tiene. Segundo porque le regalamos a la extrema derecha el monopolio de la impugnación, le entregamos la etiqueta de outsider, de única fuerza externa, crítica con el sistema, que puede recoger el descontento popular con unas políticas neoliberales que desde la izquierda apareceríamos legitimando con ese abrazo del oso con los partidos liberales. A la extrema derecha se le combate con políticas de izquierdas que ilusionen a las clases populares y con organización que evite que en ningún barrio, en ningún centro de trabajo o estudio puedan entrar. Porque la política, como la naturaleza, aborrece el vacío, y en el vacío crecen los monstruos.

Pasando a la situación política en España, una de las razones de la marcha de Anticapitalistas de Podemos fue la entrada en el gobierno de UP, al considerar que el partido que ayudó a fundar ya no se dirigía “contra las normas económicas y políticas del sistema”, que la estrategia había cambiado. Dos años después y tras la dura situación que el gobierno de coalición ha tenido que lidiar; primero con la pandemia y ahora con la crisis económica provocada por la guerra de Ucrania, ¿qué valoración hace  de las medidas, del denominado escudo social, desplegado por el gobierno y del papel que viene jugando UP como socio minoritario que aporta cinco ministros?

Me fastidia decir que el tiempo nos ha dado la razón. Ya lo dijimos cuando nos fuimos: ojalá nos equivoquemos. Pero no ha sido así. Como nos temíamos, Unidas Podemos ha quedado subordinada a las políticas antisociales del social-liberalismo del PSOE. Estos años ha habido demasiada comunicación política triunfalista para tan poca política pública efectiva en favor de las mayorías sociales. Esos escaños hubiesen sido más útiles haciendo oposición parlamentaria de izquierda que obligase a un gobierno en minoría a adoptar otras políticas. Pero una vez dentro, el abrazo del oso ha destrozado el espacio del cambio. Si el escudo social son ayudas que no llegan, desahucios que no cesan y subvenciones a compañías eléctricas y energéticas que siguen engordando sus beneficios en plena escalada inflacionaria, eso no se soluciona repitiendo que son “medidas históricas”, sino cambiando el rumbo. No vale con preguntarse luego “por qué ha ocurrido esto”. Está ocurriendo ahora. El balance es desastroso porque una de sus principales consecuencias es la desmovilización y apatía de mucha gente que había visto la posibilidad de cambiar las cosas. Y eso se tarda una generación al menos en recuperarlo. Pudieron las prisas, las ansias de poder y las ganas de hacer historia. Pero, como decía Daniel Bensaïd, la política revolucionaria es un arte estratégico.

¿Considera que, si UP se hubiera quedado fuera del gobierno, con un apoyo puntual, se podrían haber tenido mayores logros para los trabajadores y las capas más vulnerables de la sociedad?, ¿Qué piensa de la estrategia de quienes apostaron por tener “el dominio del BOE”? Y, por último, vista las dificultades para mantener el bloque de la investidura, de quedar UP fuera del ejecutivo, ¿no hubiéramos tenido un gobierno con mayor inestabilidad abocado a un adelanto electoral con el consiguiente peligro de que ganaran las derechas extrema y ultra?

La entrada en el gobierno dejó a las derechas el monopolio de la crítica. Están recogiendo el malestar. Y eso contribuye a la derechización general del tablero político y a la desmovilización y abstención de la izquierda. El bipartidismo educó a mucha gente en la escuela de las mayorías absolutas. Con ellas, el Parlamento deja de tener un papel porque la mayoría ya está asegurada y lo legislativo es puro trámite. Se ha perdido una oportunidad para explorar el parlamentarismo de izquierdas: controlar y condicionar al gobierno en minoría cada semana desde el Congreso, obligándole a ceder para asegurar mayorías parlamentarias, no disolviéndose en el Consejo de Ministros. Los gobiernos en minoría son inestables desde el punto de vista del Ejecutivo, pero más democráticos desde el punto de vista del Legislativo. Un adelanto electoral solo se hubiese producido si un PSOE en minoría no hubiese cedido a la presión parlamentaria por su izquierda para aprobar medidas y presupuestos. Pero en la práctica eso es lo mismo que mantener el gobierno y no hacer políticas de izquierdas. Lo que importa no es el supuesto color del gobierno ni sus anuncios fantásticos, sino las políticas que hace.


La entrada en el gobierno dejó a las derechas el monopolio de la crítica. Están recogiendo el malestar. Y eso contribuye a la derechización general del tablero político y a la desmovilización y abstención de la izquierda.


El pasado domingo los andaluces dieron la mayoría absoluta al PP, un partido que ha gobernado la última legislatura gracias al apoyo de la ultraderecha. Por el contrario, las izquierdas, singularmente aquella que en 2018 concurrió bajo la marca Adelante Andalucía, en estos comicios dividida en dos opciones, Por Andalucía y Adelante Andalucía, ha sufrido un fuerte varapalo pasando de 17 a 7 escaños ¿Qué valoración hace de los resultados? y lo que es más importante, ¿cómo cree que se puede remontar esta situación de extrema debilidad de las izquierdas?

Preferiría que las preguntas sobre Andalucía las respondiesen quienes luchan desde Andalucía. Desde fuera, a mí me sorprende todo el mantra de la unidad que se ha generado después del esperpento que hemos visto estos dos últimos años y hasta el día antes de empezar la campaña por parte de quienes ahora comparten el espacio de Por Andalucía. Adelante Andalucía no quiere ser otra izquierda más ni una sucursal, sino una fuerza de izquierda andaluza y andalucista. Algo que ya existe en muchos otros territorios del Estado y no se discute. Pero en Andalucía parece que no se puede hacer política sin permiso de Madrid. Pues eso parece que por fin ha cambiado. Y, desde ese punto de vista, sin apenas recursos, el andalucismo de izquierdas ha conseguido representación parlamentaria por primera vez desde hace casi cuatro décadas. Es una buena noticia, prácticamente la única, dentro de un escenario desolador que, por otro lado, ya se anticipaba. De nuevo, a las derechas no se le combate con símbolos, ni con siglas más o menos unidas ni con anuncios históricos, sino con programa y proyecto. Antagonismo y deseo. Ahí está la clave. Porque la subordinación y las peleas no atraen a casi nadie.

“a las derechas no se le combate con símbolos, ni con siglas más o menos unidas ni con anuncios históricos, sino con programa y proyecto.”


“...a las derechas no se le combate con símbolos, ni con siglas más o menos unidas ni con anuncios históricos, sino con programa y proyecto.”


Más allá de esto, hay un elemento que me interesa especialmente: el estancamiento de VOX precisamente en una nueva edición de las elecciones que le vieron irrumpir en la política institucional hace casi cuatro años. En estos años VOX no ha parado de crecer, pero, sobre todo, de marcar la agenda política. En esta ocasión, buscaba aprovechar la debacle anunciada de Ciudadanos para intentar el sorpasso al PP o al menos cogobernar con ellos, planteando las Andaluzas como un torneo de pretemporada con vistas en Madrid. Y aunque han mejorado ligeramente los resultados de 2019, se han quedado lejos de igualar el de las Generales del 10N y, por primera vez, han estado por debajo de las expectativas y de las encuestas. Aunque quizás lo más importante es que VOX ha pasado de hegemonizar la precampaña a desfigurarse en la campaña, mostrándose incapaz de marcar la agenda y los temas del debate por primera vez en mucho tiempo. Hasta el punto de que han terminado escondiendo a su candidata estrella.

En ese sentido, creo que Adelante Andalucía y Teresa Rodríguez han tenido mucho que ver en conseguir sacar a VOX de la campaña electoral, desde una estrategia consciente de no obviarlo sino de combatirlo, pero no desde el miedo, sino desmitificándolos o, incluso, burlándose de ellos ("Los de Vox no me dan miedo, son unos papafritas"). Hemos tenido varios ejemplos muy interesantes durante la campaña. El caso de las torrijas en el debate de Canal Sur como arma satírica que muestra la desconexión popular de los candidatos de VOX. La astucia de alejarse de la trinchera defensiva institucional de lo políticamente correcto para atacar conectando con movimientos realmente existentes como el feminismo (como cuando Teresa les catalogó como el "partido del terrorismo machista" en el debate de RTVE). O ligar a VOX con el poder económico, el IBEX35 y el oligopolio energético para desmontar sus falsas promesas hacia las clases populares (“Iberdrolona”), rompiendo así su áurea anti-establishment de supuesto partido protesta y dejando a la vista sus limitaciones programáticas. De todo esto podemos y debemos sacar lecciones interesantes para seguir combatiendo a la ultraderecha.

Por último, ¿qué piensa de la Alianza Amplia que persigue la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz? ¿En una situación de crecimiento del PP y Vox, hay otra opción?


No hay políticos superhéroes ni gobiernos valientes: hay pueblos organizados que empujan a sus dirigentes para hacer políticas en favor de las mayorías sociales.”


Que la principal bandera sea una Reforma Laboral aplaudida por la Patronal y votada por Ciudadanos no me parece el mejor indicador. Aliarse está muy bien, pero la pregunta es para hacer qué y cómo. Qué políticas y cómo va a estructurarse ese espacio de alianzas. ¿Tendrá bases militantes y organización democrática? ¿Será plural y deliberativo? ¿Se insertará en el territorio y en las luchas sociales? ¿Hará políticas en favor de las clases populares o solo evitará que entre la ultraderecha en el gobierno? ¿Mantendrá la actual subordinación gobernista al social-liberalismo o romperá con él? A las derechas se les frena con políticas transformadoras de izquierdas y con organización popular. Ese fue el desborde que generó el 15M, el primer Podemos y los municipalismos del cambio. No hay políticos superhéroes ni gobiernos valientes: hay pueblos organizados que empujan a sus dirigentes para hacer políticas en favor de las mayorías sociales.

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