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La entrevista del Tuareg en latalaya.org. Pedro Marset: “Nuestro compromiso internacional por la paz debe ser con la ONU.” Featured

“La OTAN es un instrumento del ‘imperialismo’ occidental totalmente sesgado. Hay que evitar la guerra.”

EquipoTuareg. 19/02/22.- Pedro Marset es ciudadano de esta aldea global. Vive en el presente desde la historia. También desde la medicina donde su experiencia no sólo es amplia sino diversa e incluso actual. Sigue activo y en activo. Es historia viva de la Región de Murcia desde donde su visión geopolítica es certera y precisa. Cuando habla de la historia se explaya, le da esa dimensión. Sobre las cuestiones del presente, precisión de cirujano. Articula los momentos. Con él hablamos (esto no es una entrevista es una conversación) de la situación geopolítica y geoestratégica del mundo global. Es decir, del conflicto de Ucrania, pero referenciado a la historia. Sin perspectiva no hay no posibilidad de encuadrar el presente en la totalidad concreta que es de procesos, momentos y condicionalidades.

Arantxa Tirado Sánchez en su libro El Lawfare define el escenario geoestratégico en el que nos encontramos como el propio de “una transición geopolítica hacia un mundo multipolar o, cuando menos, multicéntrico si no se considera que hay distintos polos ideológicos en confrontación, como sí era el caso de la bipolaridad en tiempos de la Guerra Fría, donde se contraponían el capitalismo y el comunismo”. ¿Cuál es su enfoque en este contexto histórico de “transición geopolítica” en el que parece ser que nos encontramos?

La última crisis de la globalización neoliberal estalló inesperadamente en 2008 con el hundimiento de los valores en Wall Street de Lehman Brothers y la descomposición paulatina del mito de la solidez de la globalización neoliberal. Tras el hundimiento del mundo socialista en 1990 ya proclamaba Francis Fukuyama "El fin de la historia" (1992). Es decir, el fin de la lucha de clases y la eternidad del capitalismo. Han bastado 14 años de aplicación de las reglas de la globalización neoliberal para que esa "eternidad" se convierta en la actual crisis de nunca acabar.

El mundo puesto en marcha tras la crisis de 2008 se caracteriza por todo lo contrario. Precariedad, empeoramiento de las condiciones de vida, y búsqueda a la desesperada por parte del capitalismo de relaciones de explotación más duras para obtener beneficios a toda costa aplicando las recetas de siempre.


“Trump y las derivas agresivas de los partidos y personalidades neofascistas consumen ingentes energías que obligan a la reconstrucción de las alianzas ciudadanas democráticas alrededor de cuestiones vitales para todos.”


Hay un componente nuevo en este escenario, la crisis ecológica. La naturaleza no resiste el ritmo de destrucción a que le somete la actividad desenfrenada de la producción industrial, se haga esta donde sea, en Norteamérica, en la Unión Europea, en Rusia, en China, donde sea. La voracidad del ritmo de fabricación de mercancías entra en colisión directa con los requisitos de los equilibrios biológicos, desde la capa de ozono en la atmosfera impidiendo que los rayos cósmicos destruyan la vida, hasta el mantenimiento de la temperatura ambiental dentro de unos límites a lo largo del año, la contaminación del medio ambiente ya por polución o por eliminación de volúmenes gigantescos de productos tóxicos, etc.

Con este marco global el siglo XXI hereda las dinámicas sociales que se iniciaron a lo largo de la historia y que desembocaron en las dos guerras mundiales del siglo XX. En el siglo XIX la obra de Marx desveló la peculiaridad de la lucha de clases como vía para acabar con la explotación humana e instaurar una organización social regida por la solidaridad. Tales fines orientaron las actividades de los partidos socialistas, comunistas, anarquistas, y similares, pero la primera victoria en el ámbito mundial se zanjó con el fracaso que supuso la desaparición de la URSS en 1990. La actual inserción de la economía china en la vorágine del capitalismo suscita dudas sobre su eficacia en el cometido final.

Precisamente la etapa última del modelo capitalista, desde que se instauró la globalización neoliberal, se ha acompañado de tensiones de naturaleza fascista y disruptiva que impiden experiencias de solidaridad. Trump y las derivas agresivas de los partidos y personalidades neofascistas consumen ingentes energías que obligan a la reconstrucción de las alianzas ciudadanas democráticas alrededor de cuestiones vitales para todos.


“La pandemia ha venido para medir el grado de racionalidad y de solidaridad que somos capaces de construir. (…) Pero también este proceso ha desvelado la lucha sin cuartel de las empresas farmacéuticas por obtener ingentes beneficios a toda costa. La OMS y la ONU deberían haber convertido esta respuesta en una ocasión para construir solidaridad en todo el mundo.”


Hay que señalar que en este momento no son los protagonistas de la historia los Estados, tal como se configuraron en los siglos XVIII y XIX sino las agrupaciones de Estados como la UE.

La pandemia ha venido para medir el grado de racionalidad y de solidaridad que somos capaces de construir. Surgida como consecuencia de la tensión causada por la respuesta de precariedad impuesta en China que afectó más fuerte a la zona de Wuhan llevó a muchos de sus habitantes al consumo de carne de animales salvajes no controlados por los veterinarios y de ahí al resto del mundo. Como ha ocurrido en las pandemias precedentes la combinación de medidas de aislamiento, con las de vacunación y las terapéuticas ha permitido su neutralización. Pero también este proceso ha desvelado la lucha sin cuartel de las empresas farmacéuticas por obtener ingentes beneficios a toda costa. La OMS y la ONU deberían haber convertido esta respuesta en una ocasión para construir solidaridad en todo el mundo.

En este marco geohistórico se produce lo que podemos definir como el conflicto de Ucrania, donde hay dos actores principales, o al menos en primera línea informativa, EE.UU. y Rusia; pero hay otros, con diferentes niveles de relevancia, como China, India o la propia UE. Desde su perspectiva, ¿cuál es el problema general subyacente en dicho conflicto?

El conflicto en Ucrania muestra la urgencia de acabar con la pesada herencia del siglo XX. El desmantelamiento del anterior bloque "socialista" se hizo con la convicción por parte de la OTAN de llevar a cabo un merecido castigo. En el año 1995, recién entrado yo en el Parlamento Europeo (PE) como eurodiputado de IU intervine en un debate del PE sobre la situación en Rusia y resto de países. Se me ocurrió introducir la propuesta de llevar a cabo una intervención de la UE similar al Plan Marshall y la respuesta fue de condena fulminante. Había que castigar. Cuando presenté mi Informe sobre Bielorrusia pasó algo parecido.

En el actual conflicto de Rusia contra Ucrania se han cruzado tres dinámicas que exigen paciencia para su solución: 1ª) la dinámica autónoma de reagrupar fuerzas por parte de Rusia que no tolera modificar sus áreas de influencia y compensaciones económicas, 2ª) la dinámica de la UE de garantizar una aportación continuada y creciente de suministro energético, y 3ª) la reafirmación por parte de Estados Unidos de su papel decisivo en la alianza como "su instrumento" de control mundial.


“La fórmula de la UE de asociar más de veinte países como actor singular en el panorama internacional permite articular argumentos y recursos suficientes para la defensa de valores de convivencia pacífica y de solidaridad y defensa de los derechos humanos y de coordinación de esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.”


¿Cuáles son las derivadas geoestratégicas para la UE, tanto a nivel interno, como en lo relativo a su ubicación en el espacio multilateral?

La fórmula de la UE de asociar más de veinte países como actor singular en el panorama internacional permite articular argumentos y recursos suficientes para la defensa de valores de convivencia pacífica y de solidaridad y defensa de los derechos humanos y de coordinación de esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.

Frente a las tendencias agresivas, disgregadoras, individualistas e identitarias de la extrema derecha, la vía es la necesaria colaboración entre países alrededor de planes de trabajo internacionales con financiación pública capaces de resistir las transformaciones que impondrá el "decrecimiento" aplicado a gran escala y con perspectivas amplias.

¿Piensa usted como Arantxa Tirado que en el conflicto de Ucrania hay también una dimensión ideológica y socio económica?

La cooperación nacional por los recursos naturales se puede defender dentro de estrategias de lucha contra el cambio climático y con acuerdos internacionales siempre dentro de la UE y la ONU. Esta lucha no puede ser cada país en solitario sino implicando a la totalidad de los estados.

Gustavo Duch, en un reciente artículo publicado en Contexto y Acción, titulado Los misiles en Ucrania apuntan a las macrogranjas en España, sostiene que un conflicto bélico en el conocido como ‘granero de Europa’ subiría el precio de los cereales necesarios para alimentar al ganado. teniendo en cuenta que un 30% de las importaciones de maíz proceden de este país y un 15% de las importaciones de trigo. ¿Coincide en que la tensión y en última instancia una guerra en Ucrania generaría una especulación con el precio de los cereales que, en manos de muy pocas empresas y ligadas a mercados de futuros, sí o sí acabaría acelerando más la inflación de estas materias primas con un importante impacto en España?

La perspectiva de una confrontación en solitario al abrir la guerra todas las posibles dinámicas bélicas es un fracaso de la humanidad, por lo que nuestra única opción es tomar como referencia el Consejo de Seguridad de la ONU y sus decisiones, entre ellas las que atañen a los derechos humanos y la seguridad de los compromisos con los acuerdos de suministros de cereales.

El Gobierno de España, concretamente los “halcones” del mismo capitaneados por la ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha posicionado desde el primer momento al lado de los sectores más belicistas de la OTAN enviando algunos efectivos militares a la zona. ¿Al margen del papel pacifista que ha venido manteniendo nuestro país, con excepción de la guerra de Irak con un gobierno presidido por el derechista José María Aznar, en qué puede perjudicarnos o beneficiarnos la implicación de España en este conflicto?

Nuestro compromiso internacional por la paz debe ser con la ONU. La OTAN es un instrumento del "imperialismo" occidental totalmente sesgado. Hay que evitar la guerra.

Por último, la izquierda que históricamente ha representado el PCE e IU siempre ha mantenido una posición contraria a la guerra, así ocurrió recientemente en la guerra de los Balcanes y en Irak. ¿Cuál debería ser la estrategia de Unidas Podemos, la pata más a la izquierda de Gobierno, para sacar a España de este conflicto?

Si recordamos que la guerra de la UE contra Yugoslavia fue decidida por la OTAN y que su secretario general fue español, Javier Solana, comprenderemos que nos neguemos a tomar la OTAN como referencia. Yo en concreto presenté en ese momento, como diputado europeo de IU, una denuncia ante el Tribunal Penal Internacional contra Solana como "criminal de guerra."

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