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Doble traición al pueblo saharaui Featured

 Diego Jiménez

Recordemos que el Sahara Occidental, de casi 270.000 kilómetros cuadrados, fue colonizado por España en 1884, cuando en la Conferencia de Berlín las potencias europeas se repartieron África. Cincuenta años después, España lo integraría como la provincia número 53, hasta que en 1965 la ONU exigió su descolonización

En efecto. De nueva traición hay que calificar el viraje dado por Pedro Sánchez, que sin consultar su decisión con su propio Gobierno (excepto, al parecer, con su ministro de Exteriores) y, por supuesto, con el Parlamento español (es notoria la oposición en bloque de todo el arco parlamentario) decidió, en días pasados, en carta remitida a Mohamed VI, asumir la posición del año 2007 del Reino de Marruecos sobre el Sahara Occidental, lo que, contraviniendo las resoluciones de Naciones Unidas (ONU), supone la negativa a celebrar un referéndum de autodeterminación en la que fue antigua provincia española hasta 1976 y, por consiguiente, el mantenimiento de la ilegal soberanía marroquí sobre el territorio.

Recordemos que el Sahara Occidental, de casi 270.000 kilómetros cuadrados, fue colonizado por España en 1884, cuando en la Conferencia de Berlín las potencias europeas se repartieron África. Cincuenta años después, España lo integraría como la provincia número 53, hasta que en 1965 la ONU exigió su descolonización. Tras la Marcha Verde de finales de 1975 y los vergonzosos Acuerdos de Madrid, con un Franco agonizante, España cedió el Sahara Español a Marruecos y Mauritania, que poco después renunció a su parte.

Son conocidas las presiones de la CIA norteamericana en la entrevista de Juan Carlos I, entonces jefe de Estado accidental por la enfermedad terminal del dictador, con Vernon A. Walters, director adjunto de esa central de Inteligencia. En pleno escenario de Guerra Fría, EE UU no deseaba mantener un foco de tensión en la zona, acrecentado por el alineamiento de la vecina Argelia con la URSS. Por lo que, en dicho encuentro, al parecer Walters le garantizó a Juan Carlos su apoyo para el acceso al trono a cambio de la cesión a Marruecos del Sahara Español. Desde ese momento, la monarquía alauita siguió considerando como propio ese territorio y mantuvo una guerra con el Frente Polisario, que proclamó el 27 de febrero de 1976 la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y exigía la independencia. Dicha guerra duró hasta 1991.

En abril de ese año, la resolución 690 de la ONU reconoció el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, con un periodo transitorio en el que tendría que elegir entre su independencia o la integración en Marruecos, considerando al Sahara uno de los 17 territorios que está pendiente de descolonización y a España potencia administradora.

Para la realización de la consulta, se tendría en cuenta el censo realizado por España en 1974. En 1999, la Misión de la ONU para el Referéndum en el Sahara Occidental (Minurso) determinó que unas 86.000 personas tenían derecho al voto. Sin embargo, Marruecos, que había inflado ese censo con personas del propio país, alegó que habría que incluir unos 240.000 votantes más. La realidad es que, como es sabido, ese referéndum nunca se ha celebrado ni tiene visos de que se vaya a celebrar. Hoy, la población saharaui ha pasado a ser minoritaria en la zona, mientras miles de refugiados viven en los campamentos de Tinduf, en Argelia.

En 2007 Marruecos presentó ante la ONU un plan de autonomía para el Sáhara Occidental, en el que se le niega cualquier posibilidad de independencia. El mismo plan que, como decíamos arriba, ha sido apoyado por Pedro Sánchez. Al parecer, Marruecos cedería competencias ejecutivas, legislativas, económicas, de infraestructuras y otras, pero se reservaría materias claves como la Defensa, las relaciones exteriores o la religión, supervisada, por supuesto, por Mohamed VI. 

Hasta aquí, una relación sucinta de los hechos. Además, en el paso dado por Pedro Sánchez, que cada día que pasa se muestra más pusilánime ante la emersión de problemáticas varias en su acción de Gobierno, hay que tener en cuenta otras consideraciones.

LA POBLACIÓN SAHARAUI SIGUE RECLAMANDO LIBERTAD. El presidente del Gobierno, influido sin duda por la incesante presión marroquí, y de la que las protestas de la diplomacia alauita por la asistencia sanitaria prestada en España a Brahim Gali, secretario general del Frante Polisario, son sólo una muestra, avala su apoyo al plan marroquí en la razón de Estado. Pero ignora el presidente la odiosa represión que ejerce Marruecos, tanto en la región del Rif, como en el Sahara. Aminetu Haidar, una activista saharaui perseguida por el sátrapa marroquí, denunció en su día que la comunidad internacional y la ONU no habían hecho nada y que la Minurso es «un testigo internacional con los ojos vendados». Añadiendo, además: «Hassan II cometió crímenes de lesa humanidad, pero no había testigos internacionales; ahora Mohamed VI hace lo mismo, pero ante la ONU».

En los territorios del Sahara Occidental se han venido cometiendo por parte del Ejército ocupante detenciones arbitrarias, asesinatos en masa, simplemente porque sus habitantes no repitieran en su día ¡Viva el rey Hassan II de Marruecos! (el mismo al que Juan Carlos I definió como un hermano), bombardeos con bombas de napalm…como relató unos años después de la Marcha Verde una joven saharaui, Mariam Mohamed Salem, testigo de los hechos.

PUEBLO SAHARUI, VÍCTIMA DE LA GEOPOLÍTICA. Antes de exponer unas conclusiones finales, tenemos que recordar que el pueblo saharaui hablaba nuestro idioma y tenía nuestra nacionalidad, por lo que el sentimiento de abandono durante estos años no ha desaparecido.

Unas consideraciones:

1. Una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, solicitada por la Asamblea General de la ONU de octubre de 1975, negaba a Marruecos vínculo de soberanía territorial del Sahara, por lo que dicha ocupación es ilegal.

2. El Frente Polisario afirma que la situación legal del Estado saharaui es auténtica, y que fue ratificada por la integración de la RASD en la Organización para la Unidad Africana (OUA) en 1984.

3. Es notorio que la posible existencia inicial de un nuevo Estado en el Norte de África, en momentos álgidos de la Guerra Fría, había que evitarla, por los contactos entre el Frente Polisario con Argelia y la URSS. Hoy, 47 años después, las ambiciones y conveniencias magrebíes, estadounidenses y europeas en esa región del Sur del Mediterráneo están dificultando esa pretensión.

4. Los mayores valedores del sátrapa marroquí siguen siendo la UE, particularmente Francia, que no abandona su presencia en los antiguos territorios de su influencia, El Reino Unido y últimamente, Alemania. Por su parte, EE UU, amén de sus intereses comerciales en la zona, pretende consolidar a Marruecos como un bastión más de la seguridad preventiva en el eje estratégico Canarias-Estrecho-Baleares, ante la emergencia del fundamentalismo islámico,

5. No hay que olvidar tampoco la presencia de un ‘actor’ rival de Marruecos, Argelia, que mantiene unas relaciones privilegiadas con China, inversora neta en el país, como en el resto de África. En mayo de 1996, el entonces presidente chino, Jiang Zemin, visitó el continente. Desde ese momento y hasta 2017, el comercio chino con los países africanos se incrementó más de 200 veces, sus inversiones se elevaron a 100.000 millones de dólares y alrededor de 3.100 empresas del gigante asiático se han instalado en el continente.

6. En cuanto a España, antigua metrópoli, es notorio que su diplomacia ha sido superada por la marroquí, que mantiene intactas sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla (desconocemos si la ‘rajada’ de Pedro Sánchez habrá garantizado su estatus) y los territorios de soberanía españoles: Peñón de Vélez de la Gomera, islas de Alhucemas y Chafarinas, islote de Perejil, e incluso las Canarias. España, además, debe mantener buenas relaciones políticas con Francia y EE UU al tiempo que debe cuidar su relación con Argelia, por nuestra dependencia energética de ese país, que en cualquier momento podría cerrarnos el ‘grifo del gas, aunque no parece un escenario probable.

7. Se dice que con el Acuerdo con Marruecos hemos ganado en tranquilidad, pero a cambio de perder peso geopolítico. Ganamos también el ser partícipes de futuros negocios energéticos y que Marruecos frene con más ahínco (cosa que está por ver y cuáles serán los nuevos chantajes) a los emigrantes subsaharianos.

Todas estas consideraciones geopolíticas refuerzan mi convicción de que la palabra ‘traición’ respecto de nuestro pueblo hermano saharaui no es exagerada. De nuevo, y una vez más, la CIA y también la OTAN han dictado sus designios.

 

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