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La izquierda dispersa. Madrid, Andalucía y el síndrome Galicia Featured

Tomás Alberich/Público.- Hace unos días En Marea, la organización que llegó a ser la segunda fuerza política en Galicia, anunciaba su disolución.

En 2016 se presentó construyendo una amplia plataforma unitaria, suma de Podemos, Esquerda Unida (EU), Anova (escisión del BNG por su izquierda) y numerosos activistas sociales no afiliados a partidos, fruto de un proceso que había ilusionado a mucha gente y aparentaba constituir un cambio irreversible del tablero político gallego. En los comicios del pasado julio se quedó por debajo del 0,3% de los votos. Pero, además, la fuerzas que unidas llegaron a tener 14 diputados en el parlamento regional, pasaron a no obtener representación alguna por separado, ninguna de ellas. Podemos-EU-Anova obtuvo el 3,9% de votos. Resultado, el PP gobierna con reforzada amplia mayoría, en unos comicios en los que participaron algo menos de la mitad de los gallegos con derecho a voto. La alta abstención siempre beneficia a la derecha.

Las peleas intestinas en la izquierda han provocado el desastre. Como en tantos sitios y tantas veces. Igualmente, estas no son fruto de enfrentamientos de un día, vienen de antes, algunas de lejos, a pesar de que estemos hablando de fuerzas políticas jóvenes en su mayoría y de procesos recientes. El mal resultado en las últimas elecciones municipales de 2019, con la pérdida de gobiernos locales en importantes ciudades, ya anunciaba el desastre para este año, fruto también de enfrentamientos internos y escisiones. Incluso habían creado dos grupos parlamentarios diferentes en la cámara gallega.

La división en Andalucía parece que quiere seguir sus mismos pasos. Especialmente con la última propuesta de los anticapitalistas, dirigidos por Teresa Rodriguez, que indica: "el grupo parlamentario –y también los grupos municipales y en las diputaciones– pasaría a llamarse Adelante Andalucía-Unidas Podemos y los parlamentarios, concejales y diputados provinciales … se adscribirán al sector de Adelante Andalucía o al de Unidas Podemos, manteniendo en todo momento la unidad jurídica del grupo" (Bocanegra, en Público.es). Es decir, unidad jurídica, de derecho, pero separación de hecho. Propuesta que, de momento, no ha sido admitida por el resto, del entorno de UP. Inma Nieto de IU: "el espacio que compartimos como coalición está secuestrado por parte de Anticapitalistas".

Cuando el pasado año el colectivo Anticapitalistas se salió de Podemos, este partido se quedó sin representación en el parlamento andaluz. Los 11 diputados que defienden las tesis de Teresa Rodríguez formarían el sector que ahora quiere ser Adelante Andalucía y los seis pertenecientes a IU el sector Unidas Podemos. Las tesis que han defendido los anticapitalistas andaluces desde hace años son, básicamente, capacidad de decisión propia en Andalucía y no entrar en gobiernos con el PSOE. Antes lo defendían internamente, frente al Podemos "madrileño", ahora como organización soberana. Hay que recordar que, incluso para negociar el ir a las elecciones municipales coaligados con IU, exigieron que previamente IU rompiera los pactos municipales que mantenía con el PSOE en numerosos municipios andaluces. Luego dejaron de exigir esto a IU -suponía regalar al PP muchos ayuntamientos- y admitieron ir juntos a las elecciones. Pero han criticado que se pactara con el PSOE y se entrara en el Gobierno nacional.

La situación es paradójica. Adelante Andalucía fue creada mediante un acuerdo de coalición electoral entre Podemos e Izquierda Unida, junto a dos pequeños partidos andaluces, y eligió a Teresa Rodriguez como candidata a la Junta.  Pero Teresa Rodriguez y su colectivo -Anticapitalistas- ya no militan en ninguna de las organizaciones que crearon Adelante Andalucía. Podría pensarse, desde fuera, que entonces ya no están en Adelante Andalucía, pero, muy al contrario, están dentro y quieren mandar en la coalición y, sorprendentemente, en parte lo consiguen al tener registradas diferentes estructuras formales y redes sociales a su nombre.

La evolución del colectivo Anticapitalistas exigiría un análisis aparte. Con participación de intelectuales que vienen de la tradición trotskista, recordemos que fueron parte esencial en la creación y extensión de Podemos en todo el Estado, con gran influencia en Madrid, Andalucía y otras regiones. Ahora, como tal organización, ha ido pasando a la marginalidad, abandonando una de las tradicionales tácticas del trotskismo: el entrismo –afiliarse o entrar en grandes partidos para influir dentro de ellos, en vez de crear minipartidos propios, de mínima influencia política. Saliéndose de Podemos, el partido al que tan exitosamente contribuyeron a crear, se han pasado al minifundismo político, contribuyendo a la fragmentación de las izquierdas.

Por si algo faltaba a la división en el seno de la izquierda andaluza, Errejón ha anunciado su constitución organizativa en la región. Eso sí, siempre en nombre de la unidad y para conseguir un cambio progresista. En las pasadas elecciones generales Más País cosechó un desastre de votos, sin obtener representación alguna en Andalucía, pero contribuyó a la desmovilización del electorado de izquierdas y evidentemente restó votos a Unidas Podemos (UP). La apuesta de Errejón llega casi un año después de presentarse, junto a Equo, a las elecciones generales en cuatro provincias andaluzas –Cádiz, Granada, Sevilla y Málaga, en las que obtuvo algo más de 56.000 votos, ningún escaño y fue la sexta formación en votos.

Por su parte en Madrid, si en las elecciones de 2015 la mayor responsable de la división y pérdida electoral de las izquierdas fue la división en Izquierda Unida protagonizada por Tania Sánchez, en 2019 lo ha sido la de Iñigo Errejón. Divide y vencerás. El resultado es el mismo, siempre: gobierna el Partido Popular.

En las elecciones generales de 2019 también se realizó el desembarco publicitario de Gaspar Llamazares y su Actúa contribuyendo a la fragmentación, en este caso solo para distraer algunos votos, luego le pasó el testigo a Errejón.

En la Comunidad de Madrid se necesita una moción de censura. Ya no sabemos si primero a Ayuso, por todo lo que hace o, tal vez antes, a Gabilondo por hacer nada (Escudier dixit). Por hacer de la política la nada. Lo cierto es que la CM está abandonada, los líderes políticos nacionales han huido.

Hay grandes profesionales que sirven para eso: para su profesión, excelentes en su trabajo, pero no tienen por qué ser líderes, ni buenos gestores de políticas públicas o de la Administración. En Madrid encontramos variados ejemplos. Ayuso sirvió de excelente community manager del perro de Aguirre, y para dar dinero a las empresas, privatizando y recortando lo público, pero para poco más. Gabilondo ha sido un excelente catedrático de metafísica, nadie lo discute, pero desapareció sin combate, está en las musarañas. Tal vez esperando nombramientos para más altas responsabilidades (Escudier otra vez). Y, para rematar, el desastre de Más Madrid: Errejón, precisamente por ser un buen político, se lo ha creído demasiado y ha pensado que debía ser líder nacional. En su viaje de ida y vuelta al Congreso de los Diputados se ha olvidado que fue candidato a presidir Madrid. Así, con la sempiterna división de las izquierdas, en vez de estar gobernando al tándem Gabilondo-Errejón, tenemos un gobierno con el tándem Ayuso-Aguado que hace aguas por todos lados, y Vox apoyando y achuchando para la ultraderecha.

La brevísima historia de escisiones protagonizadas por Más Madrid/Más País merece comentario aparte. Algunos aseguraban que era una pelea por las listas, o que el factor fundamental de la escisión de Podemos protagonizada por Errejón no era por motivaciones políticas, que también las hay, si no personales y de ocupación de esferas de poder. Su ruptura a pocos meses de las elecciones autonómicas y municipales era mortal para la izquierda y ellos lo sabían mejor que nadie. Igual había ocurrido en IU con Tania Sánchez cuatro años antes. Pero también analistas e incluso gente de bien, razonaban que la causa principal de la salida de Podemos había sido la soberbia de Pablo Iglesias y la deriva izquierdista de la organización creada en 2014, que había dejado de ser trasversal, representativa del conjunto social. Equo también adujo el año pasado que era imposible llegar a un acuerdo electoral con Podemos, al menos en algunos sitios como Madrid, porque recibían imposiciones no propuestas para pactar una coalición. Estos factores seguro que tuvieron algo de peso, aunque fuera mínimo, y de cara a las próximas elecciones se deben tener en cuenta.

La situación se ha clarificado un poco cuando, ya hace meses, al menos Manuela Carmena ha reconocido públicamente: 1, el error "nos equivocamos al lanzar Más País" (Carmena, febrero 2020), sin concretar más y, 2, la causa fundamental de la escisión y ruptura de Ahora Madrid, con su consecuente desaparición, fue quién elaboraba las listas. Yo quería ir con mi equipo: "lo que quería era tener una lista propia, no un álbum de cromos de muchos partidos… personas de la sociedad civil…". No a una lista fruto de la negociación entre partidos, Carmena dixit. Es decir: primarias no, la candidatura la hago yo o rompo la baraja. La lista al Ayuntamiento de Madrid la hace Carmena y a la Comunidad de Madrid Errejón y punto. No salgo alcaldesa, pues me voy a mi casa. No consigo ser vicepresidente de la Comunidad, pues monto partido nacional y otra vez al Congreso. Ahí os quedáis madrileños.

Esto de crear organización, construir un partido con su disciplina, sus estatutos, sus normas de funcionamiento…  que la afiliación elija la dirección, y que luego esta mande algo y a la vez tenga que rendir cuentas. Y después crear organización en el territorio. Tener asambleas o agrupaciones en los barrios, distritos y pueblos. Que la gente opine, discuta, se organice… Todo esto es un lío y es muy cansado. Es mejor tener unos pocos líderes reconocidos que manden y ya está. Con tener representación institucional es suficiente, "lo que cambia las cosas son las políticas públicas" (Emilio Santiago Mouiño).

Pero la historia no termina aquí. Cuando la tarta del poder a repartir empequeñece, las luchas intestinas en las organizaciones aumentan. Más Madrid en la capital se ha dividido de nuevo y de hecho en dos grupos: los seguidores de Carmena y los de Errejón, como dos entidades separadas. Necesitaríamos dibujar un amplio diagrama de flujo para ir entendiendo su evolución. Pero vamos a resumir. Esta última división se ha manifestado públicamente cuando los errejonistas han visto, por fin, la necesidad de construir partido. El cambio de ciclo en el que estamos (post15M) y el salto a la política nacional exige construir un partido, ya no basta con lo que fue una mera plataforma electoral. Así tenemos, de forma más clara en la capital, a:

  • Seguidores de Errejón, entran en el proceso de creación de estructuras para el nuevo partido (Más País) y consiguen ser mayoría en el grupo municipal, con Rita Maestre de portavoz. Entre los que están Pablo Gómez Perpinyá, Mónica García (diputada), etc.
  • Seguidores de Manuela Carmena, sin Carmena. Encabezados por Marta Higueras, que queda en minoría en el Grupo municipal y la quitan de portavoz. Postulan que quieren seguir siendo una mera plataforma electoral, si existe un partido es meramente "instrumental", para poder fácilmente presentarse a las elecciones. No a la carta financiera y a unos estatutos de partido ¿para qué? si lo que queríamos era seguir gobernando en Madrid. Para qué necesitamos un partido, con sus estatutos, normas que aseguren, por ejemplo, la democracia interna y que la afiliación tiene el poder de decisión último en la organización. Lo importante son "las personas" de la manida "sociedad civil" (que nadie define lo que es) no las organizaciones. Se puede seguir con un partido instrumental, sin afiliación -que es una estructura dudosamente constitucional esta de crear partidos fantasma, pero ha servido en su momento. En esta corriente están varios concejales, José Manuel Calvo, Félix López Rey, Luis Cueto, Maysoun Douas…

La complejidad del escenario que se abre a la izquierda del PSOE

Ni en Andalucía ni en la Comunidad de Madrid va a ocurrir que las organizaciones a la izquierda del PSOE pasen a ser extraparlamentarias. Son entidades arraigadas en el territorio social, algunas con múltiples concejales y varias alcaldías -que es uno de los factores donde se ve la fortaleza de una organización- y diputados, siempre los ha habido a la izquierda de la socialdemocracia oficial, desde 1977. Pero el resultado puede ser que siga gobernando el PP las próximas décadas y un bipartidismo reforzado.

El síndrome Galicia se ha visto aún más claro en otras comunidades, como en Castilla la Mancha, donde Podemos se dividió y solo una parte apoyó pactar con el PSOE y ha desaparecido del parlamento regional. Así ha ido pasando también en otras, donde se permanece con la mínima (Extremadura, Castilla y León, etc.). O ha causado una pérdida de votos e influencia fundamental, pasando de ser primera fuerza regional en algunos comicios generales (País Vasco, Catalunya…) a ocupar posiciones casi irrelevantes. En Catalunya el nuevo gen independentista ha hecho estragos en el interior de todas y cada una de las organizaciones, más aún que el convergente, inseparable de su historia de corrupción.

Más País sabe que es un partido con cercana fecha de caducidad. Amortizado electoralmente. Su supervivencia va a depender de ir coaligado, o más o menos integrado, en otras formaciones: el PSOE o Unidas Podemos principalmente, salvo alguna honrosa excepción, como puede ser ir con Compromís en Valencia. Pronto sus concejales y diputados pensarán en construir alianzas que les aseguren ser compañeros de viaje de uno u otro para sobrevivir.

En Madrid fácilmente sus dos almas escogerán caminos distintos, una irá con el PSOE la otra con UP. En general irán "al mejor postor", donde más escaños o concejalías les aseguren, ya que la ideología de Más Madrid/País es etérea, de una izquierda difusa, liberal, con populista ideología de mínimos y la comodidad que permite ser pragmática, no creer en "antiguallas" como la lucha de clases, que impide querer representar a toda la población. La sempiterna aspiración de ser transversal le permite ir hacia un lado o hacia el otro. Por ejemplo, reivindicar políticas sociales y a la vez firmar la operación Chamartín y llevarse bien con la máxima oligarquía. En definitiva, es lo que tradicionalmente ha hecho el PSOE, pero para eso ¡ya está el PSOE! Y si no que se lo pregunten a Felipe Gonzalez y al Foro del mini Davos de La Toja.

Visto lo visto, al síndrome Galicia le podríamos llamar síndrome España, tampoco exclusivo de las izquierdas -vemos cómo andan los múltiples partidos exconvergentes – soberanistas/independistas, pero desde luego en la izquierda el síndrome de la fragmentación se multiplica exponencialmente y hace estragos. Contra más a la izquierda más división y dispersión. Recordando aquello de que el Frente Popular de Judea a quien más odia es al Frente de Judea Popular (La vida de Brian). O sea que tampoco es solo de acá.

Faltan poco más de dos años y medio para las campañas electorales municipales y autonómicas, menos tiempo en Andalucía y tal vez en el Estado, pero el síndrome Galicia puede causar heridas de muerte en las izquierdas. Sin unidad se estará en el desastre. Ahora es cuando hay tiempo suficiente para remediarlo.

Hoy por hoy, a nivel nacional esa unidad solo se puede crear si es hábilmente dirigida desde Podemos e Izquierda Unida, construyendo una renovada Unidas Podemos (o contra denominación). Estas organizaciones tienen que combinar humildad, generosidad y eficacia en la negociación de pactos, en base a un programa de mínimos, que sume a otros partidos y a organizaciones locales y regionales, ensanchando una amplia base política. Podemos e IU tienen la gran responsabilidad de reiniciar procesos de convergencia, desde abajo y desde arriba, desde las bases y desde los líderes políticos, para crear esa nueva entidad unitaria.

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Rueda de Prensa de Paco Saorín (19/10/2020). Situación Covid-19 en Cieza

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