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Eco en la Zarzuela, caceroladas en los balcones Featured

Felipe VI pronuncia un discurso previsible y vacío obviando los problemas de corrupción que rodean a la monarquía

Desde las cuentas oficiales de PSOE, Pedro Sánchez y el Gobierno en Twitter, silencio sobre la comparecencia del jefe del Estado

Sato Díaz/Cuarto poder.- “Todos y cada uno somos partes de la solución de esta crisis”. El que pronunciaba esta frase ayer, en torno a las 21 horas, en la mayoría de los canales televisivos del país es el rey de España, Felipe VI. Un atril en proscenio escondía el discurso de siete minutos exactos; al fondo, la rojigualda y la europea. En medio, el monarca, titubeante, recto como un palo. La retransmisión emitida desde el Palacio de la Zarzuela se apoyaba en un audio mejorable, como una especie de eco. Retumbaban en las paredes del palacio, las palabras. Eco que resaltaba la soledad del monarca en el plano, en el cuadro y en el momento histórico. En los balcones, mientras, cacerolada.

“Si colabordramos”, titubeó el jefe del Estado. Mala pasada le jugó la lengua, como a los actores que salen a las tablas inseguros del papel que están interpretando en la función. Y es que la monarquía española pasa por uno de los momentos más graves para la institución desde que el actual rey llegara al trono. Felipe VI, destinatario de la fortuna de decenas de millones de euros acopiada en dos sociedades offshore por su padre, el emérito Juan Carlos I, se vio obligado este domingo a renunciar en un comunicado a esta cuando salía a la luz en la prensa británica. Mientras, la ciudadanía española, encerrada en sus hogares por la pandemia de Covid-19. Los infectados se disparan, la cifra de muertos aumenta.

Un actor nervioso, un monólogo improvisado y previsible. Un público en contra, pero deseoso de empatía. Felipe VI, el mismo que abroncó a dos millones de catalanes que habían tomado las calles desde un palacio del norte de Madrid en octubre de 2017, había ido modulando sus discursos desde entonces, aproximándose hacia palabras más cálidas con los problemas ciudadanos y sociales en sus distintas apariciones posteriores. Hasta ayer: vacío, frío, distante, palaciego. “Palabras, palabras, palabras”, responde Hamlet, cuando se le pregunta sobre qué está leyendo. Algo huele a podrido en Dinamarca.

Crítica de las izquierdas previsible a la comparecencia del rey. Podemos, que a veces baila entre la defensa de los valores republicanos y la no confrontación directa con la institución monárquica, se mostró punzante en redes sociales: “En tiempos de crisis y combate se toma conciencia del valor de lo común, de lo público, de la res publica. Emociona escuchar las cacerolas que dicen #CoronaCiao”. IU estaba esplendorosa: “No es cosa de una manzana podrida, sino que la monarquía es una institución intrínsecamente corrupta. La única solución, abdicación y referéndum #NiVirusNiCorona #QuerellaBorbón”. Los independentistas, para qué hablar.

Las derechas y ultraderechas cerraban filas con las palabras reales. “El Rey lidera una Nación golpeada por el coronavirus para apoyar a los afectados y homenajear a los profesionales sanitarios. La historia nos pone frente a nuestros valores de responsabilidad y solidaridad. Superaremos esta crisis y España recuperará su pulso, vitalidad y fuerza”, escribía Pablo Casado. “Muy de acuerdo con SM El Rey Felipe VI. España es una gran nación, un gran pueblo, y sus enemigos, sean microscópicos o no, nunca podrán con ella. Saldremos adelante. Juntos”, apuntillaba Santiago Abascal.

Inés Arrimadas, flamante líder de lo que queda de Ciudadanos: “Comparto las palabras del Jefe del Estado. El pueblo español está respondiendo una vez más con una enorme entereza, solidaridad y generosidad ante la adversidad. Demostraremos de nuevo que somos un gran país. Unidos, resistiremos y venceremos”. Ensordecedor silencio desde las cuentas oficiales del PSOE, de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y del Gobierno. Sin reacción a la comparecencia del jefe del Estado desde Twitter.

Palabras, palabras, palabras desde Zarzuela vacías de contenido. Ristra de tópicos, uno tras otro. Reconocimiento a los servicios sanitarios y muestra de agradecimiento a sus profesionales, como no podía ser de otra manera. “Debemos dejar de lado nuestras diferencias, unirnos entorno a un mismo objetivo, superar esta grave situación”, argumentó. Se atrevió a mentar a los homenajes espontáneos que, desde los balcones, reciben los profesionales de la sanidad, de la limpieza, reponedores, del transporte, vendedores, cajeros... Los balcones, ayer, eran republicanos. Apeló a la necesidad de “resistir, aguantar, adaptar nuestros modos de vida y comportamientos a las recomendaciones de nuestros expertos”. “Este virus nos va a hacer más fuertes como sociedad más comprometida, solidaria y unida”, prosiguió, casi bostezando.

Terco, ritmo lento, distancia entre frase y frase que daba tiempo al público a pensar: “¿Lo va a decir ahora?”. Pero no, ni una sola palabra al motivo por el que la monarquía ha sido protagonista estos últimos días en las portadas de los diarios. Silencio sobre uno de los temas que quedan pendientes para cuando la sociedad española recobre el aliento y el pulso. Ninguna aportación. Nerviosismo en la expresión corporal del rey. Eco en la Zarzuela. Ruido de cacerolas en los balcones. “Gracias, ánimo y adelante”, concluyó.

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