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El hombre… Zoon politikón, y el lío de las vacunas Featured

Bartolomé Marcos

Fue el filósofo griego Aristóteles quien estableció la rotunda definición del ser humano como “zoon politikón”, que sonaba como un verso zafio y tosco, y que venía a decir que el ser humano es un animal naturalmente político en el sentido de social o relacional. De ahí los perjuicios todavía no bien ni bastante ponderados que la pandemia, con sus confinamientos más o menos rigurosos, y contra natura, está provocando. Las consecuencias prometen ser graves, en línea con la insolidaridad entre semejantes, la demonización del contacto físico, la primacía de la asepsia generalizada y hasta la postergación del compartir como costumbre nefanda. Vamos, un mundo precioso…Aristóteles fue también el filósofo que estableció los dos principales “motores” que mueven el humano comportamiento, que en cita del arcipreste de Hita en su “Libro de Buen Amor” expresada en el recio, rudimentario e ingenuista castellano de su tiempo (siglo XIV), decía aquello de que “dos cosas mueven el mundo, díxelo el sabidor: aver mantenencia e aver ayuntamiento con fembra placentera”. Puñetera pandemia, que no acaba de irse, probablemente porque no ha apurado aún todas las posibilidades de negocio asociadas con el invento. Tengan paciencia pues, aunque todo sea, no puede quedar demasiado para que termine ya que han llegado las vacunas, supuestamente la fase final de este terrible genocidio de los mayores que está perpetrándose impunemente en todo el mundo. Ya decía mi santa y sabia madre que el joven se puede morir, pero el viejo no puede vivir. Sí, eso está claro, pero tampoco aceleréis, ¡coño!, que no hay ninguna prisa… Sobre el tema de las vacunas, que esta vez, lejos de convertirse en la esperada y deseada solución, se ha convertido en asunto de polémica y controversia, me guasapea esta semana mi querido y admirado Cipión. Me dice así:  

Supongo que tú, querido Berganza, te contarás entre los millones de personas que están al tanto de lo que acontece a diario con el desconocido bicho este de marras. Y también que una de las soluciones más demandadas por la peña es la tan ansiada vacuna que nos inmunice. Yo reconozco que a pesar de que mi longevo cuerpo serrano lleva ya una buena retahíla de vacunas, y que en modo alguno me considero del colectivo ese de chalados que piensa que es peor el remedio que la enfermedad, ponerme un pinchazo de una de estas de ahora, tan experimental, tan a bote pronto, tan improvisada, me preocupa...y no poco. Y más cuando leo que el líder en este campo, Merck, dice que las vacunas estas que están siendo ya parte integrante del cuerpo de muchos humanos son un completo disparate. La multinacional basa sus argumentos en que no sabemos qué efectos pueden tener a largo plazo, pues la presión mediática las ha puesto en el mercado en un tiempo muy inferior a lo que hasta hace bien poco estipulaban las autoridades sanitarias, entre todas ellas emergiendo la popular OMS, esa singular y extraña organización, tipo ONG, sin presupuesto propio pues está financiada por países interesados y generosas entidades privadas, y que fue la misma que al principio dijo que contra este bicho no era necesario el uso de mascarillas y todas las desafortunadas medidas que han parido desde entonces. Su director general, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, fue acusado formalmente por EEUU de haber confiado en exceso en la información que aportó China en las primeras semanas de la crisis, a principios del año pasado, y ello ha llevado a toda una cadena de errores que ha provocado, hasta el momento de escribir estas líneas, casi 100 millones de infectados y más de 2 millones de muertos. La susodicha Farmacéutica Merck dice, literalmente, que no se quiere “embarrar” en un posible genocidio con vacunas Covid-19, pues no dan crédito a que en solo unos pocos meses ya se estén comercializando y pinchando a gogó a la gente.

En el caso que nos atañe del Covid dicen los de Merck, que de esto saben algo pues no en vano las últimas cuatro vacunas con destino a la humanidad han salido de sus laboratorios, que “ni siquiera entendemos el virus en sí o cómo afecta al sistema inmunológico…” como para meternos a implantar una vacuna aprisa y corriendo. Pero a pesar de todo, las farmacéuticas que están haciendo este negociazo, la británica, la americana y la madre que las parió se pisan entre ellas para poner en el mercado mundial el mayor número de sus vacunas. “Si se va a utilizar una vacuna en miles de millones de personas, es mejor que se sepa lo que hace esa vacuna", dicen los de Merck. A diferencia de las vacunas anteriores basadas en el bicho atenuado, la que ha comprado el Gobierno de España consiste en una hebra de ARN de la que no sabemos si puede liarla parda a medio o largo plazo en nuestra propia genética celular (…) Continúan diciendo los de Merck: “Cuando los políticos le dijeron a la gente que habría una vacuna para finales de 2020, por ejemplo, creo que le hacían un flaco favor al público. No queremos apresurar la vacuna antes de estar seguros de que la sustenta una ciencia rigurosa". Es por eso que no verá usted actualmente ninguna vacuna de esta farmacéutica en el mercado, por la sencilla razón de que continúan investigando. Por último, los de Merck recomiendan: “Necesitamos políticos que tengan la voluntad y la integridad suficientes para decirle a la gente la verdad…”.

Entonces, ¿qué es mejor? ¿Vacunarse o no? Ante el dilema parece que el consenso científico se inclina, cuando se habla de vacunas en general, porque los hechos científicosdemuestran que es mucho mejor ponerse todas las vacunas recomendadas que rechazarlas todas, pero el sentido común y la prudencia quizá aconsejen una tercera vía: analizar cuidadosamente cada caso por separado en lugar de aceptar con los ojos cerrados todo lo que se recomienda. Aconsejarse bien por médicos y amigos entendidos en la materia, y, con suerte, conseguir darle esquinazo al camaleónico bichejo que quiere engrosar con los esforzados y sufridores mayores su siniestra estadística, haciendo una vez más verdad la cínica sentencia atribuida a Stalin de que “un muerto es una tragedia; un millón de muertos es, sencillamente, una estadística”. Pues bien, ya son bastantes más de dos millones los muertos víctimas de este todavía misterioso bicho en todo el mundo.

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