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Elena Martínez: "Hay que ser realistas, la vacuna no es la panacea; el coronavirus ha llegado para quedarse" Featured

La epidemióloga, que acaba de ser nombrada presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), hace un llamamiento a reforzar el rastreo porque, de lo contrario, "habremos perdido la batalla" contra la COVID y cree que la vacuna será "un antes y un después", pero que será difícil erradicar el virus por completo

Marta Borraz/El Diario.- En medio de la pandemia y cuando ya nadie desconoce lo que hace un epidemiólogo, la sociedad médica que agrupa a estos profesionales, la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), acaba de nombrar a su nueva presidenta. Tras la renovación de la Junta Directiva hace escasos días, Elena Martínez, hasta ahora vicepresidenta, se pone al frente para abordar un reto doble: seguir aportando al conocimiento de la COVID-19 sin abandonar otros problemas de salud. Especialista en Medicina Preventiva y ex docente universitaria, la epidemióloga urge a reforzar el rastreo y la Atención Primaria, lamenta la falta de medidas para población vulnerable y advierte de las consecuencias que tiene la sobrecarga sanitaria para el resto de enfermedades. Martínez trabaja en la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, pero atiende a elDiario.es como presidenta de la SEE.

La semana pasada Asturias le pidió al Gobierno el confinamiento domiciliario, pero este defiende esperar a ver si las medidas funcionan. ¿Cree que estamos en momento de decretarlo?

Yo me resisto a pensar que tengamos que volver a a hacer lo que hicimos en marzo. El confinamiento domiciliario no es algo descartable, pero hay que pensar lo que implica y cómo repercute en lo demás, no solo en la economía, también en la salud mental. Como con todas las medidas, hay que valorar el riesgo-beneficio, así que yo creo que hay que dar una oportunidad a ver si las restricciones que se han impuesto tienen el suficiente efecto. Es verdad que no es algo inmediato, y ver cómo siguen aumentando los casos es preocupante para los que deciden, pero hay que dar un mínimo tiempo a lo que se ha puesto en marcha. El confinamiento es el último escalón al que tenemos que llegar.

El coronavirus se ha disparado en las últimas semanas en la inmensa mayoría de comunidades autónomas. ¿Qué ha fallado?

Yo creo que hemos entrado en una fase diferente. Hemos empezado con el frío, y eso implica que nos metemos más en ambientes cerrados y de mayor riesgo. Además en septiembre hubo muchas empresas que volvieron a trabajar de forma presencial, cuando hasta entonces habían estado en teletrabajo. De igual forma, el comienzo de las clases ha provocado un aumento de la movilidad de los padres. Por ello creo que más que un solo factor, se han acumulado varios, lo que ha provocado un aumento de los contactos de riesgo y por tanto de casos. Por otro lado, si nos comparamos con cómo está subiendo la curva en otros países, no solo la velocidad es diferente, sino que incluso parece observarse ya un descenso en algunas comunidades, y esto se debe a los esfuerzos y medidas que han puesto en marcha para controlar el aumento de transmisión.

Sin embargo, llegamos a este punto tras un verano en el que España fue una anomalía y se puso a la cabeza en contagios en toda Europa. ¿Cuál fue el problema?

Influyeron muchas variables, no solo una. Hubo un primer problema que fue el de los temporeros, en Aragón y Lleida, con una gran extensión de los brotes que se debieron a las condiciones en las que estaban estos trabajadores. Es cierto que se pusieron medidas y se logró bajar, pero ahí se falló en no haber previsto las condiciones laborales y de vida de estas personas. Además, España fue de los pocos países, si no el único a nivel europeo, que abrió el ocio nocturno. Y es evidente que tenemos mucho más contacto social que en otros sitios... Pero con todo, creo que el análisis debe tener en cuenta también el gran esfuerzo diagnóstico que se hizo, con el que veíamos muchos casos, con porcentajes de asintomáticos y presintomáticos muy altos. Se pasó de hacer pruebas exclusivamente a los casos más graves a prácticamente un 99% de los sospechosos porque la definición de caso hacía referencia a una clínica muy amplia.

The Lancet habló de una desescalada demasiado exprés y las carencias en el rastreo como dos de los fallos en España. ¿Lo comparte?

La desescalada fue un gran esfuerzo, pero visto ahora hay cosas que se podrían haber hecho diferentes. Es posible que hubiera planes y acciones que estaban previstos que no se hicieron como hubiera sido recomendable. Una, que los servicios de salud están infravalorados e infraestimados. Es algo que viene de lejos y no se han reforzado a lo largo de los años en el sentido que se necesitaba. En este sentido, los sistemas de información han dado un vuelco tremendo, pero están a décadas de lo que debería ser porque no se ha invertido lo suficiente. Se arrastran muchas cosas que es difícil cambiar en dos días.

Por otro lado, un rastreo completo (identificando a los contactos estrechos de cada positivo y también dónde se contagió este) implica a muchas personas y un tiempo enorme de trabajo y ahí ha faltado una previsión real. Si bien es algo que debe estar adaptado a cada territorio, ha habido una falta de rastreadores porque no se ha sabido contabilizar bien cuántos eran necesarios. Hay que hacer un esfuerzo en esto, hay que reforzar el rastreo ahora aunque a las comunidades más saturadas les sea más difícil, porque si lo dejas has perdido la batalla. Digamos que es el primer escudo y la garantía para poder estar en niveles aceptables, aunque viendo ahora las cifras de muertos que estamos teniendo, no hay niveles aceptables de nada, pero al menos lo más bajo que podamos llegar a tener. Junto al rastreo, para hacer un seguimiento y trazado correcto de casos, el refuerzo de la Atención Primaria es un punto clave.

Aún no ha llegado la temporada de más frío y ya toda la población vive bajo restricciones duras. ¿Qué nos espera en los próximos meses?

Paciencia. El coronavirus ha llegado para quedarse. No de la misma manera en que lo estamos viviendo ahora, pero es lo que creo. Una de las cosas a las que nos tendremos que acostumbrar, que en España hacemos mucho, es a dejar de ir a trabajar o salir encontrándonos mal. Hay comportamientos que tenemos que cambiar. El fin sería que el virus desapareciera y yo eso lo veo difícil que pase con los niveles de casos que estamos teniendo en todo el mundo. Erradicar una enfermedad es complejo y hay algunas que se eliminan por zonas, por lo tanto siempre existe el riesgo de que pueda extenderse en otro lado. Es una de las cosas que podría pasar. Yo creo que pasaremos a convivir con él como convivimos con otros coronavirus, rinovirus y un montón de enfermedades respiratorias.

Esto no tiene por qué implicar que vivamos con las actuales restricciones y medidas para siempre, ¿no?

Creo que se convertirá en otro virus respiratorio más. No es el primer coronavirus, lo que pasa es que uno se expone a ellos desde que nace, el cuerpo va cogiendo defensas y no tiene esta misma afectación. El problema de la pandemia es que es un virus nuevo y no hay nadie en la población que tenga ningún anticuerpo. Igual en un horizonte muy lejano se logra erradicar, pero es complejo porque conseguir que una enfermedad que tiene tal cantidad de personas asintomáticas no se extienda es muy difícil. Por ejemplo, España está libre de polio desde hace mucho tiempo, pero hubo un año en que la OMS nos quitó el certificado de eliminación porque hubo un caso. Es decir, que hablamos en términos globales, y en el momento en que el virus está en algunas partes del mundo, con el movimiento y la globalización, puede llegar.

Se hablaba bastante durante los primeros meses de si el objetivo era llegar a unos niveles relativamente aceptables o a 'cero'. Personalmente siempre pensé que lo segundo, pero creo que si no fuimos capaces de conseguirlo con el confinamiento que llegamos a tener, que es que no había nadie por la calle, yo creo que tenemos un nuevo compañero de viaje, así que habrá que intentar por todos los medios que nos afecte lo menos posible. Es verdad que la situación actual al menos hasta el verano creo que se puede alargar. Y cuando tengamos la suficiente inmunidad, cuando exista la vacuna, la posibilidad de expansión no será la que había al principio.

El Ministerio de Sanidad espera recibir la vacuna de Pfizer a principios de año e inmunizar con ella a unos 10 millones de personas. No obstante, aunque los datos invitan al optimismo, hay aún incógnitas sobre la mesa. ¿Hasta qué punto estamos poniendo demasiada esperanza en esta u otras vacunas como si fueran una 'varita mágica' que lo resolverán todo?

Yo creo que la vacuna es algo muy importante, pero no va a llegar y vamos a vacunar a los 47 millones de españoles. Hay que ser realistas, no es la panacea. Habrá que ver también la duración de la inmunidad. Cabe la posibilidad de que se pueda hacer una estrategia de vacunación anual. Es cierto que será un antes y un después, pero el momento exacto en el que la tendremos es una incógnita porque se está haciendo en un tiempo récord, pero aun así tardará.

Respecto al anuncio de la vacuna de Pfizer hay que ser cautelosos, no ha terminado la última fase del estudio. Por otro lado hay otras posibles vacunas que puedan también tener un importante beneficio. La clave puede que sea precisamente disponer de diferentes vacunas con las que poder alcanzar a todos los espectros de población.

Con este escenario, es de esperar que cada vez haya mayor sensación de hastío y tristeza en la población, lo que se ha llamado "fatiga pandémica". ¿Cómo afrontarlo?

Hay que invertir mucho más en apoyos psicológicos, que creo que es algo que no se ha tenido en cuenta y sería necesario. La personalidad y las condiciones en las que vive la gente y cómo les afecta esto varían, pero en la medida de lo posible para el día a día tendríamos que intentar relativizar al máximo. También veo que puede provocar más ansiedad el hecho de que adaptar las medidas a cada población y situación, aunque sea por el bien de la gente, lo que provoca es que parece que nada está claro. Y por otro lado, creo que es un error esto que se dice mucho ahora de 'vamos a salvar la Navidad'. El otro día escuché a alguien que decía 'vamos a salvar la Navidad, vamos a conseguir que toda nuestra familia pueda cenar ese día'. Yo creo que a veces se hace sin querer, pero poner horizontes así, aunque pueda ayudar a seguir, también genera frustración si llegamos a, por ejemplo en este caso, Navidad, y estamos en la misma situación.

Desde la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ponen mucho el foco en las desigualdades como determinantes de la salud. ¿Se está teniendo lo suficiente en cuenta esto en la gestión del coronavirus?

Esto ha fallado mucho. Recuerdo que al principio de la pandemia se dijo que era un virus que no entendía de clases porque afecta a todos por igual, pero el problema es que el virus afecta por igual si tu riesgo y condiciones son las mismas. Si tu estás en una situación de mayor riesgo, te infectas más. Y si tienes unas condiciones que favorecen que no puedas contener el virus, peor. No es lo mismo vivir en una casa en la que hay suficientes habitaciones para hacer aislamientos y cuarentenas, que vivir cuatro en una habitación, como ocurre en barrios humildes. Es algo que no se ha previsto y no se hace hincapié lo suficiente en la población vulnerable. Es lo que pasó con los temporeros.

El uso de los test de antígenos se está generalizando cada vez más. ¿Hasta qué punto nos van a ayudar?

Yo creo que van a ser importantes. Creo que identificar y trazar los casos de la manera más eficaz pasa por el diagnóstico temprano, y si tienes que tardar tres días en saberlo, cuesta mucho poder hacerlo de la forma más inmediata posible. Cuando tienes muchos casos, además, esos dos días se transforman en cinco o en una semana. No puedes hacer un rastreo en condiciones con esos tiempos de retraso. Por lo que sabemos hasta ahora, en casos sintomáticos en los primeros días los antígenos tienen una sensibilidad y especificidad muy alta, así que pueden ser un avance muy importante.

Con la pandemia de coronavirus no estamos poniendo en el foco otros problemas de salud pública y enfermedades de la población. ¿Le preocupa?

Mucho. Hay muchas enfermedades crónicas que necesitan tratamientos continuos y revisiones periódicas, pero el sistema sanitario se ha parado. Y eso tiene consecuencias en la salud de la población y en la mortalidad de las personas que las sufren. Hay que revertir todo esto lo máximo posible. Vemos las cifras de ocupación de UCI, por ejemplo del 40%, pero es que es solo para una patología. La vida parece que se ha parado y solo existe esto, pero no. Es cierto que algunos virus, cuando entra uno nuevo o una variante, quita espacio a los demás, que igual es lo que puede que pase con la gripe, pero otro tipo de enfermedades como patologías crónicas, infartos, enfermedades cardiovasculares, el cáncer...Yo creo que se van a ver afectadas y hay que poner ya el esfuerzo en ello porque esto no va a durar dos días.

 

La epidemióloga, que acaba de ser nombrada presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), hace un llamamiento a reforzar el rastreo porque, de lo contrario, "habremos perdido la batalla" contra la COVID y cree que la vacuna será "un antes y un después", pero que será difícil erradicar el virus por completo

 

Marta Borraz/El Diario.- En medio de la pandemia y cuando ya nadie desconoce lo que hace un epidemiólogo, la sociedad médica que agrupa a estos profesionales, la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), acaba de nombrar a su nueva presidenta. Tras la renovación de la Junta Directiva hace escasos días, Elena Martínez, hasta ahora vicepresidenta, se pone al frente para abordar un reto doble: seguir aportando al conocimiento de la COVID-19 sin abandonar otros problemas de salud. Especialista en Medicina Preventiva y ex docente universitaria, la epidemióloga urge a reforzar el rastreo y la Atención Primaria, lamenta la falta de medidas para población vulnerable y advierte de las consecuencias que tiene la sobrecarga sanitaria para el resto de enfermedades. Martínez trabaja en la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, pero atiende a elDiario.es como presidenta de la SEE.

 

 La semana pasada Asturias le pidió al Gobierno el confinamiento domiciliario, pero este defiende esperar a ver si las medidas funcionan. ¿Cree que estamos en momento de decretarlo?

 

Yo me resisto a pensar que tengamos que volver a a hacer lo que hicimos en marzo. El confinamiento domiciliario no es algo descartable, pero hay que pensar lo que implica y cómo repercute en lo demás, no solo en la economía, también en la salud mental. Como con todas las medidas, hay que valorar el riesgo-beneficio, así que yo creo que hay que dar una oportunidad a ver si las restricciones que se han impuesto tienen el suficiente efecto. Es verdad que no es algo inmediato, y ver cómo siguen aumentando los casos es preocupante para los que deciden, pero hay que dar un mínimo tiempo a lo que se ha puesto en marcha. El confinamiento es el último escalón al que tenemos que llegar.

 

El coronavirus se ha disparado en las últimas semanas en la inmensa mayoría de comunidades autónomas. ¿Qué ha fallado?

 

Yo creo que hemos entrado en una fase diferente. Hemos empezado con el frío, y eso implica que nos metemos más en ambientes cerrados y de mayor riesgo. Además en septiembre hubo muchas empresas que volvieron a trabajar de forma presencial, cuando hasta entonces habían estado en teletrabajo. De igual forma, el comienzo de las clases ha provocado un aumento de la movilidad de los padres. Por ello creo que más que un solo factor, se han acumulado varios, lo que ha provocado un aumento de los contactos de riesgo y por tanto de casos. Por otro lado, si nos comparamos con cómo está subiendo la curva en otros países, no solo la velocidad es diferente, sino que incluso parece observarse ya un descenso en algunas comunidades, y esto se debe a los esfuerzos y medidas que han puesto en marcha para controlar el aumento de transmisión.

 

Sin embargo, llegamos a este punto tras un verano en el que España fue una anomalía y se puso a la cabeza en contagios en toda Europa. ¿Cuál fue el problema?

 

Influyeron muchas variables, no solo una. Hubo un primer problema que fue el de los temporeros, en Aragón y Lleida, con una gran extensión de los brotes que se debieron a las condiciones en las que estaban estos trabajadores. Es cierto que se pusieron medidas y se logró bajar, pero ahí se falló en no haber previsto las condiciones laborales y de vida de estas personas. Además, España fue de los pocos países, si no el único a nivel europeo, que abrió el ocio nocturno. Y es evidente que tenemos mucho más contacto social que en otros sitios... Pero con todo, creo que el análisis debe tener en cuenta también el gran esfuerzo diagnóstico que se hizo, con el que veíamos muchos casos, con porcentajes de asintomáticos y presintomáticos muy altos. Se pasó de hacer pruebas exclusivamente a los casos más graves a prácticamente un 99% de los sospechosos porque la definición de caso hacía referencia a una clínica muy amplia.

 

 The Lancet habló de una desescalada demasiado exprés y las carencias en el rastreo como dos de los fallos en España. ¿Lo comparte?

 

La desescalada fue un gran esfuerzo, pero visto ahora hay cosas que se podrían haber hecho diferentes. Es posible que hubiera planes y acciones que estaban previstos que no se hicieron como hubiera sido recomendable. Una, que los servicios de salud están infravalorados e infraestimados. Es algo que viene de lejos y no se han reforzado a lo largo de los años en el sentido que se necesitaba. En este sentido, los sistemas de información han dado un vuelco tremendo, pero están a décadas de lo que debería ser porque no se ha invertido lo suficiente. Se arrastran muchas cosas que es difícil cambiar en dos días.

 

Por otro lado, un rastreo completo (identificando a los contactos estrechos de cada positivo y también dónde se contagió este) implica a muchas personas y un tiempo enorme de trabajo y ahí ha faltado una previsión real. Si bien es algo que debe estar adaptado a cada territorio, ha habido una falta de rastreadores porque no se ha sabido contabilizar bien cuántos eran necesarios. Hay que hacer un esfuerzo en esto, hay que reforzar el rastreo ahora aunque a las comunidades más saturadas les sea más difícil, porque si lo dejas has perdido la batalla. Digamos que es el primer escudo y la garantía para poder estar en niveles aceptables, aunque viendo ahora las cifras de muertos que estamos teniendo, no hay niveles aceptables de nada, pero al menos lo más bajo que podamos llegar a tener. Junto al rastreo, para hacer un seguimiento y trazado correcto de casos, el refuerzo de la Atención Primaria es un punto clave.

 

Aún no ha llegado la temporada de más frío y ya toda la población vive bajo restricciones duras. ¿Qué nos espera en los próximos meses?

 

Paciencia. El coronavirus ha llegado para quedarse. No de la misma manera en que lo estamos viviendo ahora, pero es lo que creo. Una de las cosas a las que nos tendremos que acostumbrar, que en España hacemos mucho, es a dejar de ir a trabajar o salir encontrándonos mal. Hay comportamientos que tenemos que cambiar. El fin sería que el virus desapareciera y yo eso lo veo difícil que pase con los niveles de casos que estamos teniendo en todo el mundo. Erradicar una enfermedad es complejo y hay algunas que se eliminan por zonas, por lo tanto siempre existe el riesgo de que pueda extenderse en otro lado. Es una de las cosas que podría pasar. Yo creo que pasaremos a convivir con él como convivimos con otros coronavirus, rinovirus y un montón de enfermedades respiratorias.

 

Esto no tiene por qué implicar que vivamos con las actuales restricciones y medidas para siempre, ¿no?

 

Creo que se convertirá en otro virus respiratorio más. No es el primer coronavirus, lo que pasa es que uno se expone a ellos desde que nace, el cuerpo va cogiendo defensas y no tiene esta misma afectación. El problema de la pandemia es que es un virus nuevo y no hay nadie en la población que tenga ningún anticuerpo. Igual en un horizonte muy lejano se logra erradicar, pero es complejo porque conseguir que una enfermedad que tiene tal cantidad de personas asintomáticas no se extienda es muy difícil. Por ejemplo, España está libre de polio desde hace mucho tiempo, pero hubo un año en que la OMS nos quitó el certificado de eliminación porque hubo un caso. Es decir, que hablamos en términos globales, y en el momento en que el virus está en algunas partes del mundo, con el movimiento y la globalización, puede llegar.

 

Se hablaba bastante durante los primeros meses de si el objetivo era llegar a unos niveles relativamente aceptables o a 'cero'. Personalmente siempre pensé que lo segundo, pero creo que si no fuimos capaces de conseguirlo con el confinamiento que llegamos a tener, que es que no había nadie por la calle, yo creo que tenemos un nuevo compañero de viaje, así que habrá que intentar por todos los medios que nos afecte lo menos posible. Es verdad que la situación actual al menos hasta el verano creo que se puede alargar. Y cuando tengamos la suficiente inmunidad, cuando exista la vacuna, la posibilidad de expansión no será la que había al principio.

 

El Ministerio de Sanidad espera recibir la vacuna de Pfizer a principios de año e inmunizar con ella a unos 10 millones de personas. No obstante, aunque los datos invitan al optimismo, hay aún incógnitas sobre la mesa. ¿Hasta qué punto estamos poniendo demasiada esperanza en esta u otras vacunas como si fueran una 'varita mágica' que lo resolverán todo?

 

Yo creo que la vacuna es algo muy importante, pero no va a llegar y vamos a vacunar a los 47 millones de españoles. Hay que ser realistas, no es la panacea. Habrá que ver también la duración de la inmunidad. Cabe la posibilidad de que se pueda hacer una estrategia de vacunación anual. Es cierto que será un antes y un después, pero el momento exacto en el que la tendremos es una incógnita porque se está haciendo en un tiempo récord, pero aun así tardará.

 

Respecto al anuncio de la vacuna de Pfizer hay que ser cautelosos, no ha terminado la última fase del estudio. Por otro lado hay otras posibles vacunas que puedan también tener un importante beneficio. La clave puede que sea precisamente disponer de diferentes vacunas con las que poder alcanzar a todos los espectros de población.

 

Con este escenario, es de esperar que cada vez haya mayor sensación de hastío y tristeza en la población, lo que se ha llamado "fatiga pandémica". ¿Cómo afrontarlo?

 

Hay que invertir mucho más en apoyos psicológicos, que creo que es algo que no se ha tenido en cuenta y sería necesario. La personalidad y las condiciones en las que vive la gente y cómo les afecta esto varían, pero en la medida de lo posible para el día a día tendríamos que intentar relativizar al máximo. También veo que puede provocar más ansiedad el hecho de que adaptar las medidas a cada población y situación, aunque sea por el bien de la gente, lo que provoca es que parece que nada está claro. Y por otro lado, creo que es un error esto que se dice mucho ahora de 'vamos a salvar la Navidad'. El otro día escuché a alguien que decía 'vamos a salvar la Navidad, vamos a conseguir que toda nuestra familia pueda cenar ese día'. Yo creo que a veces se hace sin querer, pero poner horizontes así, aunque pueda ayudar a seguir, también genera frustración si llegamos a, por ejemplo en este caso, Navidad, y estamos en la misma situación.

 

Desde la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ponen mucho el foco en las desigualdades como determinantes de la salud. ¿Se está teniendo lo suficiente en cuenta esto en la gestión del coronavirus?

 

Esto ha fallado mucho. Recuerdo que al principio de la pandemia se dijo que era un virus que no entendía de clases porque afecta a todos por igual, pero el problema es que el virus afecta por igual si tu riesgo y condiciones son las mismas. Si tu estás en una situación de mayor riesgo, te infectas más. Y si tienes unas condiciones que favorecen que no puedas contener el virus, peor. No es lo mismo vivir en una casa en la que hay suficientes habitaciones para hacer aislamientos y cuarentenas, que vivir cuatro en una habitación, como ocurre en barrios humildes. Es algo que no se ha previsto y no se hace hincapié lo suficiente en la población vulnerable. Es lo que pasó con los temporeros.

 

El uso de los test de antígenos se está generalizando cada vez más. ¿Hasta qué punto nos van a ayudar?

 

Yo creo que van a ser importantes. Creo que identificar y trazar los casos de la manera más eficaz pasa por el diagnóstico temprano, y si tienes que tardar tres días en saberlo, cuesta mucho poder hacerlo de la forma más inmediata posible. Cuando tienes muchos casos, además, esos dos días se transforman en cinco o en una semana. No puedes hacer un rastreo en condiciones con esos tiempos de retraso. Por lo que sabemos hasta ahora, en casos sintomáticos en los primeros días los antígenos tienen una sensibilidad y especificidad muy alta, así que pueden ser un avance muy importante.

 

Con la pandemia de coronavirus no estamos poniendo en el foco otros problemas de salud pública y enfermedades de la población. ¿Le preocupa?

 

Mucho. Hay muchas enfermedades crónicas que necesitan tratamientos continuos y revisiones periódicas, pero el sistema sanitario se ha parado. Y eso tiene consecuencias en la salud de la población y en la mortalidad de las personas que las sufren. Hay que revertir todo esto lo máximo posible. Vemos las cifras de ocupación de UCI, por ejemplo del 40%, pero es que es solo para una patología. La vida parece que se ha parado y solo existe esto, pero no. Es cierto que algunos virus, cuando entra uno nuevo o una variante, quita espacio a los demás, que igual es lo que puede que pase con la gripe, pero otro tipo de enfermedades como patologías crónicas, infartos, enfermedades cardiovasculares, el cáncer...Yo creo que se van a ver afectadas y hay que poner ya el esfuerzo en ello porque esto no va a durar dos días.

La epidemióloga, que acaba de ser nombrada presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), hace un llamamiento a reforzar el rastreo porque, de lo contrario, "habremos perdido la batalla" contra la COVID y cree que la vacuna será "un antes y un después", pero que será difícil erradicar el virus por completo

 

Marta Borraz/El Diario.- En medio de la pandemia y cuando ya nadie desconoce lo que hace un epidemiólogo, la sociedad médica que agrupa a estos profesionales, la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), acaba de nombrar a su nueva presidenta. Tras la renovación de la Junta Directiva hace escasos días, Elena Martínez, hasta ahora vicepresidenta, se pone al frente para abordar un reto doble: seguir aportando al conocimiento de la COVID-19 sin abandonar otros problemas de salud. Especialista en Medicina Preventiva y ex docente universitaria, la epidemióloga urge a reforzar el rastreo y la Atención Primaria, lamenta la falta de medidas para población vulnerable y advierte de las consecuencias que tiene la sobrecarga sanitaria para el resto de enfermedades. Martínez trabaja en la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, pero atiende a elDiario.es como presidenta de la SEE.

 

 La semana pasada Asturias le pidió al Gobierno el confinamiento domiciliario, pero este defiende esperar a ver si las medidas funcionan. ¿Cree que estamos en momento de decretarlo?

 

Yo me resisto a pensar que tengamos que volver a a hacer lo que hicimos en marzo. El confinamiento domiciliario no es algo descartable, pero hay que pensar lo que implica y cómo repercute en lo demás, no solo en la economía, también en la salud mental. Como con todas las medidas, hay que valorar el riesgo-beneficio, así que yo creo que hay que dar una oportunidad a ver si las restricciones que se han impuesto tienen el suficiente efecto. Es verdad que no es algo inmediato, y ver cómo siguen aumentando los casos es preocupante para los que deciden, pero hay que dar un mínimo tiempo a lo que se ha puesto en marcha. El confinamiento es el último escalón al que tenemos que llegar.

 

El coronavirus se ha disparado en las últimas semanas en la inmensa mayoría de comunidades autónomas. ¿Qué ha fallado?

 

Yo creo que hemos entrado en una fase diferente. Hemos empezado con el frío, y eso implica que nos metemos más en ambientes cerrados y de mayor riesgo. Además en septiembre hubo muchas empresas que volvieron a trabajar de forma presencial, cuando hasta entonces habían estado en teletrabajo. De igual forma, el comienzo de las clases ha provocado un aumento de la movilidad de los padres. Por ello creo que más que un solo factor, se han acumulado varios, lo que ha provocado un aumento de los contactos de riesgo y por tanto de casos. Por otro lado, si nos comparamos con cómo está subiendo la curva en otros países, no solo la velocidad es diferente, sino que incluso parece observarse ya un descenso en algunas comunidades, y esto se debe a los esfuerzos y medidas que han puesto en marcha para controlar el aumento de transmisión.

 

Sin embargo, llegamos a este punto tras un verano en el que España fue una anomalía y se puso a la cabeza en contagios en toda Europa. ¿Cuál fue el problema?

 

Influyeron muchas variables, no solo una. Hubo un primer problema que fue el de los temporeros, en Aragón y Lleida, con una gran extensión de los brotes que se debieron a las condiciones en las que estaban estos trabajadores. Es cierto que se pusieron medidas y se logró bajar, pero ahí se falló en no haber previsto las condiciones laborales y de vida de estas personas. Además, España fue de los pocos países, si no el único a nivel europeo, que abrió el ocio nocturno. Y es evidente que tenemos mucho más contacto social que en otros sitios... Pero con todo, creo que el análisis debe tener en cuenta también el gran esfuerzo diagnóstico que se hizo, con el que veíamos muchos casos, con porcentajes de asintomáticos y presintomáticos muy altos. Se pasó de hacer pruebas exclusivamente a los casos más graves a prácticamente un 99% de los sospechosos porque la definición de caso hacía referencia a una clínica muy amplia.

 

 The Lancet habló de una desescalada demasiado exprés y las carencias en el rastreo como dos de los fallos en España. ¿Lo comparte?

 

La desescalada fue un gran esfuerzo, pero visto ahora hay cosas que se podrían haber hecho diferentes. Es posible que hubiera planes y acciones que estaban previstos que no se hicieron como hubiera sido recomendable. Una, que los servicios de salud están infravalorados e infraestimados. Es algo que viene de lejos y no se han reforzado a lo largo de los años en el sentido que se necesitaba. En este sentido, los sistemas de información han dado un vuelco tremendo, pero están a décadas de lo que debería ser porque no se ha invertido lo suficiente. Se arrastran muchas cosas que es difícil cambiar en dos días.

 

Por otro lado, un rastreo completo (identificando a los contactos estrechos de cada positivo y también dónde se contagió este) implica a muchas personas y un tiempo enorme de trabajo y ahí ha faltado una previsión real. Si bien es algo que debe estar adaptado a cada territorio, ha habido una falta de rastreadores porque no se ha sabido contabilizar bien cuántos eran necesarios. Hay que hacer un esfuerzo en esto, hay que reforzar el rastreo ahora aunque a las comunidades más saturadas les sea más difícil, porque si lo dejas has perdido la batalla. Digamos que es el primer escudo y la garantía para poder estar en niveles aceptables, aunque viendo ahora las cifras de muertos que estamos teniendo, no hay niveles aceptables de nada, pero al menos lo más bajo que podamos llegar a tener. Junto al rastreo, para hacer un seguimiento y trazado correcto de casos, el refuerzo de la Atención Primaria es un punto clave.

 

Aún no ha llegado la temporada de más frío y ya toda la población vive bajo restricciones duras. ¿Qué nos espera en los próximos meses?

 

Paciencia. El coronavirus ha llegado para quedarse. No de la misma manera en que lo estamos viviendo ahora, pero es lo que creo. Una de las cosas a las que nos tendremos que acostumbrar, que en España hacemos mucho, es a dejar de ir a trabajar o salir encontrándonos mal. Hay comportamientos que tenemos que cambiar. El fin sería que el virus desapareciera y yo eso lo veo difícil que pase con los niveles de casos que estamos teniendo en todo el mundo. Erradicar una enfermedad es complejo y hay algunas que se eliminan por zonas, por lo tanto siempre existe el riesgo de que pueda extenderse en otro lado. Es una de las cosas que podría pasar. Yo creo que pasaremos a convivir con él como convivimos con otros coronavirus, rinovirus y un montón de enfermedades respiratorias.

 

Esto no tiene por qué implicar que vivamos con las actuales restricciones y medidas para siempre, ¿no?

 

Creo que se convertirá en otro virus respiratorio más. No es el primer coronavirus, lo que pasa es que uno se expone a ellos desde que nace, el cuerpo va cogiendo defensas y no tiene esta misma afectación. El problema de la pandemia es que es un virus nuevo y no hay nadie en la población que tenga ningún anticuerpo. Igual en un horizonte muy lejano se logra erradicar, pero es complejo porque conseguir que una enfermedad que tiene tal cantidad de personas asintomáticas no se extienda es muy difícil. Por ejemplo, España está libre de polio desde hace mucho tiempo, pero hubo un año en que la OMS nos quitó el certificado de eliminación porque hubo un caso. Es decir, que hablamos en términos globales, y en el momento en que el virus está en algunas partes del mundo, con el movimiento y la globalización, puede llegar.

 

Se hablaba bastante durante los primeros meses de si el objetivo era llegar a unos niveles relativamente aceptables o a 'cero'. Personalmente siempre pensé que lo segundo, pero creo que si no fuimos capaces de conseguirlo con el confinamiento que llegamos a tener, que es que no había nadie por la calle, yo creo que tenemos un nuevo compañero de viaje, así que habrá que intentar por todos los medios que nos afecte lo menos posible. Es verdad que la situación actual al menos hasta el verano creo que se puede alargar. Y cuando tengamos la suficiente inmunidad, cuando exista la vacuna, la posibilidad de expansión no será la que había al principio.

 

El Ministerio de Sanidad espera recibir la vacuna de Pfizer a principios de año e inmunizar con ella a unos 10 millones de personas. No obstante, aunque los datos invitan al optimismo, hay aún incógnitas sobre la mesa. ¿Hasta qué punto estamos poniendo demasiada esperanza en esta u otras vacunas como si fueran una 'varita mágica' que lo resolverán todo?

 

Yo creo que la vacuna es algo muy importante, pero no va a llegar y vamos a vacunar a los 47 millones de españoles. Hay que ser realistas, no es la panacea. Habrá que ver también la duración de la inmunidad. Cabe la posibilidad de que se pueda hacer una estrategia de vacunación anual. Es cierto que será un antes y un después, pero el momento exacto en el que la tendremos es una incógnita porque se está haciendo en un tiempo récord, pero aun así tardará.

 

Respecto al anuncio de la vacuna de Pfizer hay que ser cautelosos, no ha terminado la última fase del estudio. Por otro lado hay otras posibles vacunas que puedan también tener un importante beneficio. La clave puede que sea precisamente disponer de diferentes vacunas con las que poder alcanzar a todos los espectros de población.

 

Con este escenario, es de esperar que cada vez haya mayor sensación de hastío y tristeza en la población, lo que se ha llamado "fatiga pandémica". ¿Cómo afrontarlo?

 

Hay que invertir mucho más en apoyos psicológicos, que creo que es algo que no se ha tenido en cuenta y sería necesario. La personalidad y las condiciones en las que vive la gente y cómo les afecta esto varían, pero en la medida de lo posible para el día a día tendríamos que intentar relativizar al máximo. También veo que puede provocar más ansiedad el hecho de que adaptar las medidas a cada población y situación, aunque sea por el bien de la gente, lo que provoca es que parece que nada está claro. Y por otro lado, creo que es un error esto que se dice mucho ahora de 'vamos a salvar la Navidad'. El otro día escuché a alguien que decía 'vamos a salvar la Navidad, vamos a conseguir que toda nuestra familia pueda cenar ese día'. Yo creo que a veces se hace sin querer, pero poner horizontes así, aunque pueda ayudar a seguir, también genera frustración si llegamos a, por ejemplo en este caso, Navidad, y estamos en la misma situación.

 

Desde la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ponen mucho el foco en las desigualdades como determinantes de la salud. ¿Se está teniendo lo suficiente en cuenta esto en la gestión del coronavirus?

 

Esto ha fallado mucho. Recuerdo que al principio de la pandemia se dijo que era un virus que no entendía de clases porque afecta a todos por igual, pero el problema es que el virus afecta por igual si tu riesgo y condiciones son las mismas. Si tu estás en una situación de mayor riesgo, te infectas más. Y si tienes unas condiciones que favorecen que no puedas contener el virus, peor. No es lo mismo vivir en una casa en la que hay suficientes habitaciones para hacer aislamientos y cuarentenas, que vivir cuatro en una habitación, como ocurre en barrios humildes. Es algo que no se ha previsto y no se hace hincapié lo suficiente en la población vulnerable. Es lo que pasó con los temporeros.

 

El uso de los test de antígenos se está generalizando cada vez más. ¿Hasta qué punto nos van a ayudar?

 

Yo creo que van a ser importantes. Creo que identificar y trazar los casos de la manera más eficaz pasa por el diagnóstico temprano, y si tienes que tardar tres días en saberlo, cuesta mucho poder hacerlo de la forma más inmediata posible. Cuando tienes muchos casos, además, esos dos días se transforman en cinco o en una semana. No puedes hacer un rastreo en condiciones con esos tiempos de retraso. Por lo que sabemos hasta ahora, en casos sintomáticos en los primeros días los antígenos tienen una sensibilidad y especificidad muy alta, así que pueden ser un avance muy importante.

 

Con la pandemia de coronavirus no estamos poniendo en el foco otros problemas de salud pública y enfermedades de la población. ¿Le preocupa?

 

Mucho. Hay muchas enfermedades crónicas que necesitan tratamientos continuos y revisiones periódicas, pero el sistema sanitario se ha parado. Y eso tiene consecuencias en la salud de la población y en la mortalidad de las personas que las sufren. Hay que revertir todo esto lo máximo posible. Vemos las cifras de ocupación de UCI, por ejemplo del 40%, pero es que es solo para una patología. La vida parece que se ha parado y solo existe esto, pero no. Es cierto que algunos virus, cuando entra uno nuevo o una variante, quita espacio a los demás, que igual es lo que puede que pase con la gripe, pero otro tipo de enfermedades como patologías crónicas, infartos, enfermedades cardiovasculares, el cáncer...Yo creo que se van a ver afectadas y hay que poner ya el esfuerzo en ello porque esto no va a durar dos días.

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