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Mónica García: “Madrid ha sido un laboratorio neoliberal de las políticas sanitarias” Featured

Ritama Muñoz-Rojas/ctxt.es.- Hace unos días, cuando la crisis del coronavirus obligó a suspender la actividad parlamentaria, la portavoz adjunta del grupo Más Madrid en la Asamblea de Madrid, Mónica García Gómez (Madrid, 1974) se puso a plena disposición del Hospital 12 de Octubre. Pocas personas pueden analizar la situación que está provocando esta crisis sanitaria desde la primera fila de la política y desde las tripas de un hospital, al mismo tiempo. Hace años que tiene su plaza de médico anestesista en este hospital, uno de los más grandes de la Comunidad de Madrid, mucho antes de su llegada al parlamento regional como diputada de Podemos, en 2015.  Como defensora de lo público, siempre había estado cerca de la política, pero fue con motivo de las mareas blancas en defensa de la sanidad pública, en las que ejerció de portavoz de la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM), cuando se integró de lleno en la actividad política. 

Hablamos por teléfono con Mónica García de las políticas sanitarias en Madrid, seis días después de que se haya decretado el estado de alarma por el Gobierno, en una jornada en que se contabilizan 17.147 casos y 767 fallecidos en España. En Madrid son 6.777 casos y casi 500 fallecidos.  Es muy crítica con la actuación de la Comunidad de Madrid en esta crisis. “La Consejería de Sanidad no está tomando todas las medidas políticas que debería. No puede ser que la gestión de la crisis por parte de la Comunidad de Madrid se reduzca a protestar porque no le dan mascarillas, mientras tiene una consejería con todas las competencias en sanidad”.

¿Cómo es el ambiente el hospital, cómo están los ánimos?

Hay una mezcla de sentimientos; una mezcla de cansancio con un sentimiento de responsabilidad; ha aflorado la conciencia de servicio público, de responsabilidad y utilidad; hay también bastante preocupación y desconcierto porque, por un lado, percibimos que no hay un liderazgo claro que nos esté dando órdenes precisas y tomando el timón de todo esto; y por otro, hay una exaltación del compañerismo, de la solidaridad, de la autoorganización de los servicios. Preocupación también porque durante demasiado tiempo los profesionales han estado bastante expuestos a esta epidemia. Y porque vemos que por ahora las curvas de la epidemia no están bajando, sino que están subiendo sin que sepamos dónde y cuándo llegará el pico; eso crea algo de desesperación.

Cuando dice que en no hay un liderazgo claro, ¿se refiere a que no se están dando órdenes precisas desde la Consejería de Sanidad?

Protocolos, sí; cada día tenemos uno diferente. Pero la sensación generalizada en el hospital es que hay una falta de timón desde arriba, que, a mi modo de ver, tiene que ver con un modelo que se ha ido creando a lo largo de estos años a base de cadenas de mando; tenemos unas cadenas de mando que atienden más a la obediencia que a la competencia; en la Comunidad de Madrid tenemos una ley de profesionalización de la gestión que podría paliar un poco esta situación, pero lleva desde 2017 sin cumplirse; tenemos gestores o directores que no son capaces de tomar decisiones sin mirar por el retrovisor para ver si eso les va a costar el puesto y eso provoca una parálisis. Mi sensación es que los servicios en los hospitales se están autogestionando; hay mucha voluntad por parte de jefes y de profesionales de que esto salga bien, de echarse una mano, junto a la sensación de que desde arriba no vienen las órdenes concretas y concisas lo suficientemente ordenadas como para que esto esté funcionando como una máquina, que es lo que se necesita en estos momentos.

En toda crisis es fundamental centralizar la toma de decisiones. Por lo que dice, da la impresión de que en la gestión de la sanidad por parte de la Comunidad de Madrid no se está actuando así.

No, no se está haciendo. Cada hospital está tomando sus propias decisiones, muchas veces en colaboración unos servicios con otros, pero no hay un mando único; entre otras cosas, porque tenemos una Consejería de Sanidad en la que hay mucho puesto político, pero poco puesto técnico. Finalmente, una crisis así se tiene que gestionar con gente que sepa de qué va la Sanidad, que sepa qué cosas hay que hacer en cada momento. Por ejemplo, se echa de menos un plan de contingencia de recursos humanos; es decir, que desde la dirección general de recursos humanos se hubiera dicho: tenemos tantos profesionales; tantos se van a ir a la urgencia, tantos, a medicina interna o a neumología o a atención primaria o a coger el teléfono. Esas directrices claras, desde una dirección general, no las hemos tenido. Esto tiene que ver con su modelo, que ya llevamos tiempo denunciando, basado en la obediencia más que en la competencia y la profesionalidad de una dirección general. Todo ello se está supliendo con buena voluntad de los profesionales, que es como al final salen adelante las cosas.

Desde el punto de vista de la gestión clínica, ¿qué medidas cree que se deberían estar tomando?

En primer lugar, un plan de contingencia de recursos humanos. Tener una perspectiva de cuántos profesionales tienes, cuántos necesitas, para qué y cómo, es fundamental. Deberíamos haber tenido hospitales, o derivaciones hacia hospitales, en los que se hubiera focalizado la atención de pacientes con coronavirus desde un principio. Ahora están todos los hospitales prácticamente llenos porque la epidemia ha sobrepasado todas las expectativas, pero hay poca sensación de orden y organización, que es básicamente lo que tendría que hacer una consejería de Sanidad. Toda la gestión se está haciendo de una manera improvisada; hay poca planificación, sabiendo que Madrid lleva siendo un hervidero desde hace tiempo; porque si uno compara las cifras de Madrid con las del resto de España, las de Madrid son realmente preocupantes. Creo que en Madrid se deberían haber tomado medidas mucho más drásticas desde el principio.

El peso de la crisis sanitaria que vivimos recae en el Gobierno. ¿Qué medidas le corresponden a la consejería de Sanidad?

Yo creo que el Gobierno de la región está intentando tirar balones fuera, hacia el Estado; bien demandando profesionales, pidiendo material, diciendo que necesitan camas; de alguna manera, están obviando que la Sanidad es una materia que corresponde a las comunidades; yo no dudo que en Madrid, el ministerio [de Sanidad] debiera haber sido más drástico, pero las competencias en Sanidad corresponden a la Comunidad. Los que tienen que ordenar los recursos humanos, los que tienen que saber qué está pasando con las UCIs, con los respiradores, con los anestesistas, tienen que ser los responsables de la consejería de Sanidad; eso de descargar la responsabilidad como si ahora las competencias de sanidad las tuviera el Gobierno me parece poco leal y poco realista.

Qué se quiere decir cuando se habla de que contamos con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. 

Nuestra sanidad tiene grandes fortalezas; entre otras, que es una sanidad pública. Se ha ido privatizando en los últimos años, pero es una sanidad pública. Está contrastado y demostrado con evidencias científicas que la sanidad pública es más barata y más eficiente. La eficiencia se compara con el gasto y con los recursos que se hayan usado. Tenemos desde hace tiempo un sistema que es robusto, con medidas que han demostrado su eficacia como la universalidad de la asistencia, la atención primaria; todos esos pilares hacen que nuestra sanidad sea muy eficiente porque es muy barata para la calidad que damos. De ahí a que seamos la mejor sanidad del mundo, quizá haya algo de márquetin; nos hemos acostumbrado a esa frase, y al final se esconden algunas deficiencias que también hay que mencionarlas; la sanidad pública española tiene bolsas de ineficiencia que hay que atajar; seguimos teniendo las mismas normas o las mismas leyes que hace veinte años; no nos hemos adaptado a la realidad, a la modernidad y a la tecnología; ha habido durante unos años una especie de desprecio a lo público y al Estado de bienestar en su conjunto, que ha afectado al sistema sanitario; tenemos un modelo eficiente, pero no somos la mejor sanidad del mundo; creo que con esta crisis se están viendo las costuras, los deberes que no hicimos en su día, independientemente de que sea verdad que esta crisis supera las expectativas de cualquier sistema sanitario.

Se está hablando mucho del colapso en el sistema sanitario.

Yo diría que nuestro sistema sanitario ya funciona al noventa o cien por cien. No tenemos elasticidad; tenemos un sistema sanitario rígido, sobre todo en las comunidades en las que la inversión ha ido bajando. Cada año, ya solo con la gripe colapsan los hospitales; porque todos los años, con la epidemia de la gripe tenemos las urgencias colapsadas, las plantas colapsadas, la atención primaria, al límite. Por tanto, un sistema que no tiene la elasticidad suficiente para adaptarse a la gripe, tan previsible cada año, obviamente tiene menos capacidad para adaptarse a un fenómeno como el coronavirus que ha superado todo lo previsible. Es el problema que deriva de haber cerrado camas, de no contar con suficientes profesionales, de no tener buenas condiciones de trabajo; de tener unas urgencias colapsadas me atrevería a decir el 80% del tiempo.

Hace poco más de un mes usted junto a dos compañeros de Más Madrid denunciaron la privatización de la sanidad pública en la región ante el Tribunal de Cuentas y la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia. ¿Por qué era necesaria esa denuncia?

Durante unos años, la Comunidad de Madrid ha estado desviando fondos de la parte pública a la parte privada obscenamente. Esto ha sido una decisión cien por cien política: Madrid ha sido un laboratorio neoliberal de las políticas sanitarias y esto se ha traducido, por ejemplo, en que tenemos un hospital, como la Fundación Jiménez Díaz, que ahora pertenece a un gigante de la sanidad privada alemana al cual le estamos pagando casi un 40 por ciento más por algunos procedimientos de lo que pagamos en el hospital público. Creo que cualquier gasto que tenga que ver con la sanidad no puede ir a engrosar el lucro de determinadas empresas. De los hospitales de Aguirre por ejemplo, yendo a los registros mercantiles, resulta que en el año 2010, cuando se estaba pasando una crisis muy dura, había empresas que se estaban embolsando unos beneficios de hasta el 40 por ciento. Esto está fomentado por algunos gobiernos y avalado por una consejería que ha permitido que, año tras año, tengamos más gasto privado que no es gasto en salud, que es gasto que va a fondos de inversión, a fondos extranjeros y no gasto en sanidad. Ahora nos encontramos con que tenemos unos hospitales que pertenecen a fondos buitre, que tienen módulos vacíos, y que la consejería no tiene capacidad ni autoridad para decir a esa concesionaria o a esos fondos de inversión, porque ya no sabemos a quién pertenecen, abran ustedes esos módulos.

¿Cuáles son los hospitales de Aguirre?

El Infanta Sofía, el Infanta Leonor, el de Parla, el Puerta de Hierro. En el Puerta de Hierro hemos estado pagando 135 camas que no existían. Esto han sido millones y millones que nos hemos ido dejando por el camino y que ahora obviamente los echamos de menos. En nuestro sistema sanitario madrileño ha habido corrupción, claros casos de corrupción que ahora nos pasan factura.

¿Hubiera sido igual esta situación de crisis si no se hubieran dado los tijeretazos a la sanidad en la época del PP?

Tendríamos un sistema sanitario desbordado igualmente, porque esta situación desborda a cualquiera; pero tendríamos más elasticidad, más capacidad para afrontarlo. Que salga la presidenta Ayuso enviando una carta a Pedro Sánchez diciendo que necesita camas, médicos y enfermeras es básicamente una enmienda a la totalidad de las políticas que ha estado haciendo el Partido Popular en la Comunidad de Madrid. Llevamos años diciendo que tenemos pocos médicos, pocas camas y pocos profesionales de todo tipo, sanitarios y no sanitarios. Hemos hecho un cálculo de cuántas camas tenemos en Madrid en comparación con las que hay en el resto de las comunidades autónomas y de las camas que hay en el resto de Europa; en Madrid tenemos dos por cada mil habitantes, en España hay 2,3 y en Europa tienen ocho. No es lo mismo afrontar esta crisis con un nivel de recursos grande que con un nivel de recursos pequeño; hemos estado pidiendo tener una plantilla adecuada a tu población, tener unas ratios de enfermeras adecuadas a tu población o tener unas ratios de camas adecuadas. Esto es la imagen de los recortes. La Comunidad de Madrid es la que menos dinero gasta en sanidad por habitante. Y por supuesto, la que menos inversión hace en proporción a su PIB. Somos ricos, pero no invertimos en sanidad. Y esto nos da menos probabilidades de enfrentarnos eficazmente a una crisis sanitaria.

¿Qué le parece el comportamiento de la sanidad privada en la crisis del coronavirus?

A la privada no le podemos pedir algo que no ha hecho nunca, que es ponerse al servicio del interés común. No les podemos pedir que arrimen el hombro, cuando no lo arriman nunca. La privada tiene un interés empresarial y económico; no tiene puntos de concordancia con la pública, que es el interés común. Se ha hablado de que ahora en la sanidad privada te cobran 300 euros por hacer un test del coronavirus; claro, es que por una fractura cobran 1.500. Resulta obsceno que se esté cobrando 300 euros por un test, pero igual de obsceno era antes cobrar 1.500 por una fractura. La diferencia está en que la privada hace negocio con la enfermedad, mientras que la pública gana o ahorra dinero con la salud. Quiero aclarar que hay dos tipos de sanidad privada; por un lado, está la que tiene su negocio, sus clientes y el que quiere contrata con ellos su seguro; pero otra cosa es la parasitación de la privada dentro de la sanidad pública, que es lo que hemos ido a denunciar a los tribunales, que se haya permitido hacer negocio con dinero público. Yo no critico a la privada ni que el que quiera y pueda se gaste el dinero en clínicas que, finalmente, lo que dan es mejor hostelería, según la valoración que han revelado las encuestas. Pero sí creo que no le podemos dar ninguna tregua a la parasitación de la sanidad pública. Eso es una aberración.

¿Qué opina de medicalizar hoteles?

Esa medida me ha parecido completamente fuera de la realidad. Yo no le veo sentido. Todavía quedan espacios que se pueden ocupar dentro de los hospitales; los hospitales a los que antes me refería, los que construyó la señora Aguirre, tienen bastante hueco para poner camas y para poner pacientes; tenemos centros que se han cerrado, como el Gómez Ulla que, aunque cerrados hace tiempo, son espacios sanitarios, con sus tomas de oxígeno y otros requisitos sanitarios; pero salen con que hay que medicalizar hoteles y que además los que van a estar a cargo de esos hoteles son los médicos recién licenciados que todavía no han hecho el MIR; es decir que antes de haber visto a un paciente en su vida, van a tener que enfrentarse a un paciente infectado. A mí me parece una irresponsabilidad y me parece una medida que no está fundamentada en la realidad del sistema sanitario. Los hoteles podrían tener sentido para aquellos profesionales o aquellos ciudadanos que han dado positivo y que pueden contagiar a su familia. Podrían ser útiles sobre todo para los profesionales de la medicina, que están teniendo muchísimos problemas porque desde el principio se les dijo que siguieran trabajando hasta tener síntomas graves. Eso ha sido un foco de expansión de la infección dentro de los propios profesionales que ya veremos a dónde nos lleva.

En una escala del uno al diez, ¿dónde colocaría la gravedad de esta crisis sanitaria?

Teniendo en cuenta que hay dos velocidades, una para Madrid y otra para el resto de España, creo que Madrid está muy cerca del nueve y el resto del país lo pondría en un siete.

También hay dos escenarios, uno poblacional, que tendrá su repercusión sanitaria, claro, pero es verdad que la mayoría de los casos son leves y la enfermedad se supera. Y luego está la dimensión hospitalaria, que está siendo muy grave y que a mí es la que más me preocupa; es decir, cuántos pacientes somos capaces de asumir, cuántos profesionales van a caer enfermos, cuántas UCIS tenemos, algo muy preocupante; cómo vamos a hacer la selección de pacientes una vez las UCIS estén saturadas, lo que requiere comités de ética que den criterios comunes.

¿Qué aprendizaje se podría sacar de esta situación provocada por el coronavirus?

Esta crisis va a ser un revulsivo. Por una parte, se han visto las costuras de la sociedad en todos los aspectos, bien laborales o sociales. Por ejemplo, el caso de las residencias de mayores, que está siendo realmente dramático. Ya se llevaba tiempo diciendo que no podemos tratar así a nuestros ancianos. Ahora estamos en el momento de apagar el fuego, pero cuando esto termine, habrá que hablar de qué modelo de sociedad queremos, el solidario, que es el de la gente que se apoya y está dándolo todo; o el modelo de sálvese quien pueda, que es en el que manda la economía. Espero que esta vez saquemos mejores conclusiones que de la crisis de 2008. Ojalá seamos capaces de fortalecer los servicios públicos y sociales para el bien común, en lugar de terminar en un debilitamiento de lo público, como pasó en 2008. Habrá que esperar, pero yo creo que esta crisis ha cambiado los paradigmas que existían hasta ahora. Siempre ha habido un grupo al que no le afectaban los efectos de una crisis, como las colas de la sanidad pública o los recortes en educación. Esta epidemia nos ha demostrado que hay cosas, sobre todo en relación con la salud, de las que no se libra nadie, se tengan recursos o no se tengan. Se ha socializado la enfermedad. La pregunta es, ¿lo gestionamos entre todos o que cada uno se busque la vida? Al final se demuestra que entre todos somos capaces de sostenerlo mejor.

Más política para tener más salud, ha dicho en alguna ocasión.

Yo reivindico la política por encima de todas las cosas. Los políticos trabajan mucho, no hay que denostar la política. Las medidas que se adoptan en política no dejan de ser tratamientos para un diagnóstico previo. Cuando se deja de hacer política sanitaria, impera la ley de la selva, el sálvese quien pueda. Solo desde la política se puede ofrecer una visión general de qué tipo de sociedad queremos. Cuanta más gente se involucre en las decisiones que se toman desde la política, más capacidad tendremos de actuar y mejorar la vida de las personas.

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