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Beatriz Talegón: “La ruptura de la unidad del independentismo puede llevarse a ERC por delante” Featured

Entrevista con una de las voces reconocibles de la izquierda española con mejor relación con el independentismo catalán

Guillermo Fernández Vázquez/ Cuarto poder.- Beatriz Talegón (1983) es actualmente una de las personas más próximas al ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont. Vecina de Cabanillas del Campo (Guadalajara), Beatriz se hizo conocida en el año 2013 por criticar a los líderes de la Internacional Socialista reunidos por todo lo alto en Cascais (Portugal) mientras en el sur de Europa se vivían los años más duros de la política de austeridad. Entonces ella era la secretaria general de la Unión Internacional de las Juventudes Socialistas. Desde ese momento se ha convertido en una de las voces reconocibles de la izquierda española con mejor relación con el independentismo catalán, particularmente con el mundo ex convergente. Aprovechamos esta doble condición para hablar con ella de la investidura en España, de las más que probables elecciones autonómicas catalanas y, sobre todo, del papel que Junts Per Catalunya puede jugar en este ciclo político.

-Entre muchos sectores de la izquierda resultó decepcionante el voto de Junts Per Catalunya en la investidura, cuando votó “No” junto al PP, Cs y Vox. ¿Cómo se explica?

-Yo fui la primera decepcionada, o, más que decepcionada, en desacuerdo con esa decisión. Y, de hecho, hice todo lo posible para que no fuera un “no”. Me parecía un error que Junts Per Cat no apoyara la investidura o, al menos, se abstuviera. Ahora bien, sin compartirla, yo entiendo cuál es su estrategia. Su estrategia es que lo que se está hablando aquí de fondo son unos comicios también en Catalunya. Ahí es donde está la madre del cordero. Todo esto responde a un movimiento en el que las fuerzas se quieren cambiar en Catalunya. ¿Por qué? Porque básicamente supondría una salida mucho más suave de este conflicto si se gestionase desde un gobierno progresista y de izquierdas en España con un tripartito en Catalunya compuesto por ERC, PSC y En Comú Podem. Eso facilitaría el canal de comunicación y entendimiento para un diálogo necesario.

-O sea que das completa fiabilidad al rumor de que detrás del acuerdo de investidura entre PSOE-UP y ERC hay la idea de reproducir después ese pacto en Catalunya.

Yo estoy totalmente segura de que aquí hay un movimiento de piezas y de que lo que se está hablando es de alinear los gobiernos en Catalunya y en España. Esto haría que desde España se realice algún tipo de transición hacia el federalismo y se abra algún de tipo de proceso constituyente de reforma constitucional. Pero esto necesita un interlocutor en Catalunya que no pretenda bloquear. Se han dado cuenta de que la estrategia de Puigdemont está siendo la de una confrontación directa contra el Estado. Porque el Estado hasta ahora no ha cedido nada.

Yo entiendo que desde el punto de vista de Puigdemont, estando fuera y ganando la batalla judicial desde fuera, él no tenga ninguna razón para tender la mano. A pesar de que algunos hemos hecho todo lo posible por hacerle llegar que, independientemente de esta guerra con el Estado español, para todos sería mucho más positivo tener un gobierno español dispuesto a dialogar, antes que a la extrema derecha que iba a retorcer la ley hasta meter a todos los catalanes independentistas en la cárcel. Pero, al mismo tiempo, Puigdemont sabe que está ganando la batalla internacional y que va a seguir ganándola. Entonces a él no le compensa ceder.

-¿Cuál es el problema con este escenario de doble tripartito?

Ocurre que el independentismo se ha polarizado en este tiempo. El independentismo parte del origen del 1 de octubre en el cual había una unidad de acción. En mi opinión eso es lo que más nervioso puso al Estado. Ver que todo el independentismo iba a una. Cuando más nervioso se puso el Estado español fue en 2015: cuando Artur Mas anunció que iba a presentar una candidatura unitaria: Junts Pel Sí. Y ahí la maquinaria del Estado se puso nerviosa. En 2015 se pone en marcha la maquinaria y se modifica el código penal, se crea la ley de seguridad ciudadana (ley mordaza), se crea la modificación de la ley orgánica del Tribunal Constitucional que cambia el artículo 92.4, lo que de facto se carga la división de poderes. Esta modificación significa que el Tribunal Constitucional se arroga la posibilidad de dictar sentencias y ejecutarlas, y que se otorga el poder de inhabilitar a cargos públicos y a funcionarios en caso de desobedecer a sus propias sentencias. A partir de ahí empieza la andadura del independentismo como bloque unitario, que es lo que a su vez consigue una mayoría abrumadora de apoyos en el Parlament. Esto pone muy nerviosa a la administración española. Y a partir de ahí el objetivo es dinamitar la unidad del independentismo.

Esto se logra después del 1 de octubre cuando se consigue que el independentismo no vaya unitariamente a las elecciones del 21 de diciembre de 2017. Junts per Catalunya tiende la mano a Esquerra para hacer una candidatura unitaria. Y Esquerra Republicana se niega en rotundo. Esto va a más porque ahí el que gana es Puigdemont. Entonces empiezan todas las historias intestinas sobre los acuerdos rotos. Porque se suponía que Puigdemont iba a ser investido President por vía telemática, pero resulta que Roger Torrent hace previamente una consulta al Tribunal Constitucional -que es una consulta llena de sombras-, y el Tribunal Constitucional le dice que esto no puede ser. Y por lo tanto Puigdemont se queda en el exilio.

Es entonces cuando empieza la doble vía: la vía del exilio o la vía de la prisión. En este momento ya se abre una veta en el independentismo. Porque aunque las causas en general se mantienen y aunque en público se diga que el objetivo es la autodeterminación y que continúa la unidad de acción, esto ya deja de ser así. Esto ya es una victoria para la administración española.

-¿Para quién y en qué sentido es un problema la desunión del independentismo?

Para el independentismo en general, porque vimos que la unidad de acción funcionó bien mientras funcionó. No hay más que pensar en el 1 de octubre. Es verdad que ahora se podría pensar que con el diálogo se rebaja en cierta medida la tensión, siempre y cuando se mantenga la transparencia y el compromiso de mantener los acuerdos. Pero no sé hasta qué punto el PSOE va a estar a la altura. Ya hemos visto hace unos días cómo el PSOE trataba de escurrir el bulto de la mesa de diálogo. Si se hiciera bien, quizás se podría encontrar una fórmula para intentar de avanzar en un panorama federalista. Porque yo creo que Esquerra ve que a medio plazo una República federal quizás sea un camino necesario para finalmente lograr la independencia. Sin embargo, si no se cumplen los acuerdos y se vuelve a engañar otra vez a los catalanes, como ya ocurrió con el Estatut, se avivará mucho más la llama del independentismo. Los pasos en falso del PSOE van a avivar la llama del independentismo.

-En ese escenario que planteas, Junts per Catalunya queda en una posición muy difícil. ¿Cuál crees que puede ser la estrategia que siga dentro de España a partir de ahora?

-Aquí hay una batalla por capitalizar la posición del independentismo, o sea, por la hegemonía del independentismo. Y según va avanzando la cosa, la batalla se está haciendo más cruda y más difícil. Porque en el exterior Puigdemont está ganando todas las batallas a base de mantener una posición firme. Y de momento la postura de Oriol Junqueras ha dado como resultado que no se le ha puesto en libertad, incluso aunque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le haya dado la razón. Entonces claro, desde el independentismo se mira la postura de Esquerra con una cierta duda de decir: oye, les estáis dando un cheque en blanco, les habéis dado un gobierno, y ellos no están de momento respondiendo, al menos públicamente.

Habría que tener claro cuál es el termómetro de los ánimos independentistas. La represión ha hecho mucho daño. Mucho. Y quizás el hecho de que ERC se esté echando en brazos del PSC y de los Comunes podría no salirle bien del todo. Puede dejar en manos de Puigdemont la hegemonía del independentismo, que es de lo que hablaba Tardà en su día. Así que al final la ruptura de la unidad del independentismo puede llevarse a Esquerra por delante.

-No obstante, el peligro para Puigdemont y Junts Per Catalunya es quedarse completamente fuera de juego

-Bueno, ese es el peligro que corren por ahora todos. La guerra viene cuando se trata de dirimir quién tiene la hegemonía sobre la independencia. Puigdemont siempre ha estado en la línea de “vamos todos juntos” manteniendo la línea de que el objetivo es la independencia. Y ahí ha sido donde han venido las divisiones. En un principio se entendió que se podía intentar. Pero desde el momento en que ERC se ha ido a negociar con el gobierno por la puerta de atrás, después nos ha venido la inhabilitación del President y nos ha venido una arrogación en la junta electoral que no le compete. Entonces claro, ERC está jugando un juego ambivalente con nosotros. En la batalla por la autodeterminación no se puede pasar página y dar un cheque en blanco a Pedro Sánchez. Por eso yo entiendo a Puigdemont. Él está haciendo su batalla internacional. Y ERC ya veremos… de momento están en un doble juego que les puede salir mal.

-Me ha llamado la atención que en varios de tus últimos artículos usas la expresión “golpes de Estado togados”. ¿Qué quieres decir exactamente?

-Una vez se han celebrado unas elecciones, la Junta Electoral no tiene nada que decir sobre lo que pasa en la política. Y sin embargo se está utilizando a la Junta Electoral como un arma. Se dice que desobedecer a la Junta Electoral es desobedecer a un órgano judicial. Falso. Desobedecer a la Junta Electoral es desobedecer a un mandato administrativo. Entiendo que eso conlleve una sanción económica. Pero de ahí a cargarse a un President de una región que tiene además el respaldo a través de un proceso de investidura, es muy grave. Porque es efectivamente un golpe de Estado encubierto. Encubierto en resoluciones de órganos que no son competentes para dictarlas, que se van encadenando y esto se va complicando cada vez más. Y se le está queriendo dar un envoltorio de legitimidad a algo que no lo tiene.

Primero de todo: si al señor Quim Torra le juzgan por haber desobedecido a la Junta Electoral Central en el Tribunal Superior de Catalunya, porque es aforado y porque es el órgano que ha de conocer un incumplimiento de la ley por parte del President, esa es la primera sentencia. Correcto. Está condenado. Pero es que tiene derecho a recurrir. Y en la medida en que tiene derecho a recurrir, hasta que no haya una sentencia firme, que sería la que dictaminase el Tribunal Supremo, este señor tiene todavía un recorrido judicial por el cual, según las leyes que todos debemos respetar, hay un principio de presunción de inocencia que todos debemos respetar. La propia ley orgánica electoral dice que si no hay una sentencia firme, no se te puede inhabilitar. El Estatuto de Catalunya también lo dice. El reglamento del Parlament también lo dice. Entonces se está procediendo a inhabilitarle como diputado del Parlament de manera absolutamente irregular. Y lo segundo: es que inhabilitarle como diputado no significa que tenga que dejar de ser President. Pero es lo que se está pretendiendo.

-Desde tu punto de vista: ¿qué intereses habría detrás de estos estos movimientos?

-Lo que hay desde el inicio es la persecución de la propuesta política independentista. Vivimos en una situación kafkiana en la que uno tiene que demostrar su inocencia. Y además esto se fue de madre desde la sentencia del Estatut. Ese es el momento en que empiezan a utilizarse las togas de una manera interesada, desigual y absolutamente irregular contra un procedimiento que había sido limpio y democrático.

-Estás hablando del PP y de los sectores más conservadores…

.-Fundamentalmente creo que lo que está detrás es el establishment heredado del franquismo. Y ahí no solamente está la derecha y la ultraderecha. Esos están de facto. También  ha habido un problema con lo que se supone que debería ser la izquierda. A la izquierda aquí le ha dado mucho miedo asomar la cara y hablar. La Transición encontró el acomodo para un determinado perfil de gente que se sentía muy cómoda en lo que llamaban centro. A base de no tocarle las narices a la monarquía, ni tampoco a las instituciones de herencia franquista instaladas en los órganos judiciales, en los órganos policiales y en la administración del Estado. Tocar esos cables era peligroso. Se bailó con ellos en lugar de combatirlos. Apelar ahora al espíritu de la Transición es de broma. El Espíritu de la Transición era poner en marcha todo esto para realmente constituirnos como una democracia moderna. Para ellos el espíritu de la Transición era disimular y poner un envoltorio muy bonito para seguir estando los mismos dentro. Por eso te digo que es la extrema derecha y la derecha, pero también es la izquierda.

-Volviendo al presente y en el supuesto de que este gobierno durara 2 o 3 años: ¿cómo crees que influiría en la situación en Catalunya?

-Yo creo que sería bueno porque destensaría mucho las cosas. Creo que ahora mismo se podría abordar el tema de que hay que reformar el código penal (lo que posiblemente implicaría la salida en libertad de los presos políticos catalanes). Eso ya sería un paso. No sería lo ideal, pero sería un paso. No va a haber amnistía, no va a haber indultos, pero se va a reformar la legislación y van a estar en libertad. Hay que regular/reformar también la ley de seguridad ciudadana. Hay que dejar la tendencia de manipular a la gente en la catalanofobia. Hay una serie de cuestiones que se tienen que abordar por el bien de todos. Y creo que entrar en esta fase de seny es sano. Sin embargo, los puntos más extremos van a estar tirando para un lado o para otro. Y el hecho de que haya esta tensión hace que los puntos intermedios puedan llegar a un acuerdo. Así que esa tensión será buena.

https://www.cuartopoder.es/espana/2020/02/08/beatriz-talegon-la-ruptura-de-la-unidad-del-independentismo-puede-llevarse-a-erc-por-delante/

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