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10-N. Otro partido del siglo Featured

Javier Aroca/El Diario

La gente se ha futbolizado; ante el declive de los clubs parroquiales, cada cual pertenece a su barra brava partidaria y, devoto incondicional de su santo, ahí desarrolla su vida con un cierto deleite guerrero

De récord en récord, resulta que somos los europeos que más votamos. La verdad es que tiene mérito; en Europa nos llevaban ventaja, los cuarenta años en barbecho pesan.

El culpable de tanto absentismo que se augura tiene que estar bonito mientras espera a que lo saquen, parece que inminentemente, de su actual estado de reposo. Pensará, me malicio, que votamos por encima de nuestras posibilidades que para él eran ninguna.

 

Ya estamos otra vez preparados y no está claro que no vaya a haber otra ocasión  más si hacemos caso a los sondeos y a los posicionamientos de unos y otros. Expertos somos, no tenemos excusa, sabemos votar claro aunque los destinatarios de nuestro sufragio no nos entiendan. Como muy bien dice el presidente en funciones, tenemos muchos más datos. Eso ayuda. La campaña será corta pero quién puede discutir que no estemos en permanente campaña, cosas de demócratas revolucionariamente pejigueras. 

Nos dicen que votamos para arreglar lo que viene. Que vienen –avisan– la sentencia del "procés", Catalunya toda, la desaceleración (la Bolsa está bajando, ¿saben?), el "trumpeteo" que no cesa, y el Brexit y sus consecuencias. Pero no nos dicen cómo vamos afrontar lo que viene y con qué. En realidad, sólo conocemos la experiencia reciente de estar en crisis con la derecha en el poder y, ya saben: austeridad, corrupción, desequilibrios territoriales, más ricos, más pobres, vía a la extrema derecha, líos en Catalunya...

Sabemos también de coaliciones posibles y de algunas imposibles. Los  estadounidenses han inventado el término político "inelegibilidad" para señalar a aquellos aspirantes que no tienen posibilidad alguna de salir. Los "estadoespañolenses" podríamos inventar la "incoaligabilidad", palabro que indicaría las coaliciones imposibles. La novedad es que Albert Rivera ha dado otra "guiñá" o chaquetazo prestándose a nuevos amoríos, a lo que ha respondido Pedro Sánchez con el desprecio más absoluto. También Errejón irrumpe "entregaito" arrobado en su particular Vistalegre 3 o 2 remastered.

El futuro es incierto. En todo caso, mejor releer el pasado por si vale para algo, desde luego es más divertido y apunta destinos. Sabemos cómo acaban los expresidentes. Rajoy como el más dicharachero y el mejor de los monologuistas del reino; en su tiempo hacía reír, con las risas enlatadas de fondo de sus deudos, pero pocas risas para sus desmanes. Los ex acaban de compadreo, su nueva condición los une. Rajoy y González ríen juntos, giran y giran, hacen bolos, piden coaliciones aunque sean incómodas . "Tarde piache" que dijo Sancho Panza cuando le prometieron mejor vida  si no abandonaba el Gobierno de su ínsula Barataria. "No son estas burlas para dos veces", replicaba Panza, rechazando soluciones giratorias, quizá en nombre de toda la gente que desde sus tiempos resiste.

En fin, a enfrentar lo que viene. Sin programa en muchos casos, vacilando o rebinando en otros. Habrá derogación de la reforma laboral o no, de la ley mordaza hay un no se qué, mejoraremos los presupuestos vigentes de Montoro, habrá financiación autonómica, habrá política en Catalunya: depende. Basta con mirar a los contendientes. No digo escucharlos porque escucharemos lo mismo de siempre y sin contrastes, que lo de los debates serios y cara a caras va para largo. Los candidatos que vinieron de nuevos se han hecho viejos en sus combates eternos; los que vienen disfrazados de nuevos, ya son reviejos desde niños. El envejecimiento de los políticos españoles es veloz y nada reversible. Sólo se rejuvenece en las películas de Hollywood.

Viejos fantasmas

Y en medio de todo, los viejos fantasmas. Por fin un presidente se atreve a sacar al dictador de su tumba pública y pedestal simbólico. Es la lucha constante contra los eternos fantasmas del pasado, que son los mismos que los del presente y está resultando obvio que también son los fantasmas del futuro. En esto también hay viejos prematuros; los hijos, triste paradoja, son más franquistas que sus padres. Jóvenes como Díaz Ayuso, Aguado u Ortega Smith nos lo acaban de recordar. La familia Franco anda crispada reclamando a la democracia que le haga el favor de no molestar en su disfrute de los bienes materiales de su patriarca dictador y para ello defiende a muerte sus bienes simbólicos; desde 1975 han sido celosamente defendidos por unos y responsablemente ignorados por los que tendrían que haber hecho justicia y pedagogía democrática. Girando andan.

Y no es que el personal esté pidiendo a gritos un programa.  En el fondo, la gente se ha futbolizado; ante el declive de los clubs parroquiales, cada cual pertenece a su barra brava partidaria y, devoto incondicional de su santo, ahí desarrolla su vida con un cierto deleite guerrero. En esa tesitura, mejor leer a Eduardo Galeano que a los clásicos políticos; nos dará mejores y más útiles interpretaciones de lo que nos pasa.

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