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Facu Díaz: “He echado para atrás bromas; he pasado tres veces por los juzgados y no quisiera una cuarta” Featured

"Sabemos cuánta gente se multa, cuánta gente se sanciona, cuánta gente se juzga…lo que no sabemos es cuánta gente se calla, porque esa gente no la contamos y ese es el objetivo final"

"Me encantaría a mí tener la capacidad de Rajoy de sentirme una persona íntegra permanentemente siendo un potencial delincuente o un presunto delincuente como son cada uno de ellos"

"Bloqueo mucho en Twitter, en eso se basa precisamente una buena defensa de la libertad de expresión, yo no quiero cerrarte la cuenta, yo quiero que tú digas tus cosas pero yo no quiero escucharte, leerte ni verte"

El humorista actúa este domingo en Gran Canaria, a las 20.30 horas, en La Choza de Playa del Inglés

Iago Otero Paz/El Diario.-Facu Díaz ha estado ya tres veces en los juzgados por sus bromas en Twitter y alguno de sus  sketches. Incluso bromea con que la Audiencia Nacional es su segunda casa, aunque apenas prestara declaración durante diez minutos. En su día a día, admite que busca sacarle el lado humorístico a cualquier cosa, incluso de las situaciones más dramáticas que ha vivido. "Es una cosa que me viene de familia", sostiene el encargado, junto a Miguel Maldonado, del programa No Te Metas En Política.  Este domingo actuará con su gira Pido Disculpas por primera vez en Canarias. Será este domingo en La Choza en Playa del Inglés a partir de las 20.30 horas

¿Por qué pides disculpas?

Lo que cuento en el show son las peripecias y experiencias que he tenido por los juzgados. La conclusión a la que llego yo haciendo balance de todo es que pese a haber ganado las batallas judiciales en el terreno de los tribunales, la batalla mediática es la que he perdido porque hay mucha gente que sigue estando muy enfadada conmigo por cosas que he podido decir o hacer. En parte la intención del show es intentar disculparme con esa gente que puede haberse sentido mal, angustiada u ofendida con algo de lo que yo haya podido hacer. También explico la importancia que le doy yo a las disculpas y también explico por qué en su momento no me disculpé de nadie de los que me habían acusado y llevado a los tribunales. Es una reflexión en torno a todo esto.

Para ti Twitter fue la red social que te dio a conocer, también la que te ha traído tus problemas con la Justicia, ¿qué cosas hacías al principio por las que ahora pides disculpas?

Ten en cuenta que empecé a usar Twitter cuando tenía 16 o 17 años, empecé a ganar muchos seguidores y si hubiera tenido un poco más de conocimiento hubiera dejado de hacer muchas cosas. Siempre pongo el ejemplo de que mientras a esa edad cualquier adolescente está haciendo gamberradas en la calle y liándola, yo tenía un arma mucho más potente y más segura que me permitía estar en casa y liarla y tener muchísima repercusión, lo que estaba un poco desmesurado para un chaval adolescente con ganas de hacer el imbécil. Eso me daba pie a participar en muchas cosas, por ejemplo, nos dio en una época a un grupete por probar la capacidad que tenía Twitter de difundir bulos y noticias falsas. Bromeamos con un golpe de estado en Portugal, bromeamos una vez con el estado de salud del jefe del Estado Juan Carlos I, ¡que Dios nos coja confesados!

Cada noche tenías una broma que llegaba a tener repercusiones.

La verdad es que era muy divertido pero claro, es una broma que puedes arrancar y conocíamos los mecanismos para hacerlas arrancar pero nunca cómo pararla, pues se iba eso a unos extremos en los que te echabas las manos a la cabeza y decías ¡mierda, ni puedo pararlo ni sé qué consecuencias va a tener!

Estas personas que se ofenden con los bulos son los primeros que se creen cualquier cosa que se comparte en redes sociales que no tienen ni pies ni cabeza.

Ya, a mí me hizo mucha gracia porque para darle más credibilidad a los bulos empleaba montajes con la imagen de  El País, como que había publicado la noticia y la había quitado, y entonces yo sembraba la duda de esa manera. Yo recuerdo que  El País se enfadó muchísimo conmigo, escribieron un editorial en el que hablaban de que esto se estaba convirtiendo en un terreno muy peligroso, que en el terreno de las redes los ciudadanos estaban expuestos a bulos sin control, y poquitos meses después fue cuando se comieron la portada falsa de Hugo Chávez en el hospital. Fue como un poquito de justicia, decir: bueno, estáis alarmando a la gente con que los chavales que hacemos gilipolleces en Twitter somos el nuevo peligro del siglo XXI y sin embargo vosotros, el periódico global, os estáis comiendo igual alguna que otra.

¿Qué opinas sobre la judicialización de la música, el humor o las redes sociales?

Da miedo, pero se han sentado las bases para que esto puedo formalizarse. Tenemos una serie de reformas en el Código Penal o reformas como la Ley de Seguridad Ciudadana que provocan que mucha gente pueda ser sancionada sin pasar por juicios, que las fuerzas de seguridad puedan ser capaces de poner sanciones que no pasan por jueces y que facilitan un aumento de la represión contra la libertad de expresión. Después tenemos una sensación general de que se intenta provocar que la gente se ahorre según qué comentarios o se ahorre decir cosas que puedan notar una sensación de descontento en la ciudadanía ante cosas que están sucediendo y que cada vez son más evidentes. Por mucho que sepamos cuánta gente se multa, cuánta gente se sanciona, cuánta gente se juzga…lo que no sabemos es cuánta gente se calla, porque esa gente no la contamos y ese es el objetivo final, provocar que algún grupo de música modifique alguna letra de su canción porque le parece que pueda provocarle algún problema, o que un cómico deje de hacer alguna broma porque le puede provocar un problema, o que alguien deje de poner algo en Twitter porque piense que la Guardia Civil o la Policía Nacional le hará tarde o temprano una investigación prospectiva en la que le pueda encontrar algo que le pueda llevar ante la Justicia. Me parece que en algún momento tiene que explotar porque no es concebible un estado de vigilancia permanente de las redes, de la música, de todas las disciplinas artísticas, es una locura que en algún momento tiene que parar.

¿La gente se ofende más que antes?

No, yo no creo que la gente ahora se ofenda más que antes. Ahora la gente tiene un sentimiento de pertenencia a un colectivo cuando se siente ofendida por algo. Si yo veo algo en la tele que a mí me ofende, normalmente esa persona antes si tenía mucha fuerza de voluntad mandaba una carta a la cadena y decía “oiga este chiste o este comentario me ha parecido fuera de lugar”. Pero esa persona ahora puede entrar en una red social, encontrar iguales y organizar una recogida de firmas para despedir a un guionista porque ha hecho un chiste porque no le gusta. Simplemente se ha facilitado que se organicen lo que toda la vida se han llamado  flanders, esa gente que tiene necesidad de hacer grupito.

¿Y en tus shows, alguna vez se te ha ofendido alguien o has notado que hayas hecho un chiste que se haya malinterpretado?

No, en los shows que hago yo la gente ya sabe a lo que viene. Yo me he podido ahorrar una de las etapas duras de los cómicos que es arrancar a lo loco, coger un público en barbecho que viene de la nada o irrumpir en una cena con monólogo en la que nadie sabe quién es ese señor que irrumpe e intenta hacer chistes. Afortunadamente no tengo que ganarme al público desde cero, ya tengo un público que viene con referencias de quién soy, que sabe de dónde vengo y sabe por dónde puedo tirar. Cualquier cosa se puede malinterpretar y pensar que soy un puto chalado, eso siempre va a estar presente.

¿Te sientes cohibido a la hora de hacer tus monólogos o alguna vez has echado para atrás alguna broma?

Sí, la verdad es que sí. Entiendo la reacción que pueda provocar decirlo de “no hombre, no, no dejes de hacer cosas porque ellos quieren que tengas miedo”, pero efectivamente es así, de alguna manera también hay que decir la verdad y demostrar que a veces funciona. Yo he pasado ya tres veces por los juzgados y no quisiera pasar una cuarta. Por mucho que crea en la libertad de expresión, hay momentos en los que digo que vale, sí, yo creo muchísimo, ¿pero me vale la pena volver a ocupar portadas de periódicos y salir en la tele y a volver a pertenecer a esa vorágine del chiste descontextualizado? El problema es ese, más que el juzgado lo que me vuelve a dar pereza es ese momento en el que alguien coge tu chiste, que tenía sentido en tu programa, que tu público lo ha entendido perfectamente y no alarmó a nadie y ¡ pah!, aparece en una tertulia de 13 TV donde evidentemente nadie está a favor de mí y ese chiste suelto va a quedar como una salvajada. Sí, evidentemente tiro cosas para atrás para no volver a pasar por esto.

Uno de tus grandes objetivos con tu humor es el Partido Popular. Ya en su día pediste la disolución de él, lo que trajo cola. Con la sentencia de la Gürtel, ¿qué debe hacer el partido ahora?

¡Hostia! Yo recogería los bártulos e intentaría marcharme con cierta dignidad. La verdad es que me asombra y me fascina la capacidad que tiene el Partido Popular para echarle morro a las cosas, también hay que ponerle en valor la capacidad y el rostro que tienen de cemento. Ahora estoy viendo cómo Rajoy recoge sus papeles al terminar su discurso y se va con una tranquilidad y una conciencia tan limpia y tan tranquila que me encantaría a mí esa capacidad de sentirme una persona íntegra permanentemente siendo un potencial delincuente o un presunto delincuente como son cada uno de ellos.

Eres de Uruguay, una de las grandes diferencias entre los países de Sudamérica y España es el sentimiento de pertenencia al país, allá todo el mundo, sea de la ideología que sea, está orgulloso de su bandera, su himno...aquí por el contrario no tenemos letra del himno, ensalzar lo español está visto como algo de derechas, ¿no te choca esto, tiene solución España?

A veces lo cuento, le explico a la gente y mis amigos lo que mola tener unos símbolos que sí que unen y con los que no hay ningún problema. También tiene que ver con que los países latinoamericanos la mayoría tienen una historia de liberación a la que le damos cierta épica y en torno a eso construimos un relato de construcción nacional que te hace de alguna manera sentirte orgulloso de que nos liberamos del yugo y nos independizamos. Una historia como esa es una base bastante mejor sobre las que generar unas identidades comunes y unos símbolos que puedan unir a toda la población y no generen ninguna controversia. Realmente es una cosa guay. Yo creo que tener un himno, una bandera y un escudo que represente a todo el mundo y que no genera discusión alguna es una cosa que está guay, no va más allá. No creo que tenga mucho más significado que el unir bajo una bandera, aunque sea para el fútbol, por una manifestación por la sanidad pública, cualquiera puede llevar su bandera, no hay ningún problema. No ha sido pervertida como ha sido pervertida la rojigualda en manifestaciones contra el matrimonio homosexual, en manifestaciones de ultraderecha, en manifestaciones muy conservadoras. Esa diferencia se nota bastante y yo nunca he terminado de acostumbrarme a una sensación permanente de enfrentamiento provocada por unos símbolos que por otro lado tienen todo el sentido del mundo que generen controversia porque hay quien está en su legítimo derecho a no reconocerlo como suyos.

Te has criado en Catalunya, ¿cómo te gustaría que se solucionara el conflicto político que también afecta a la sociedad?

Dando la posibilidad de votar con garantías a la ciudadanía de Catalunya sobre su propio futuro político. Lo que no entiendo es la situación de bloqueo a la que hemos llegado y esa prohibición tajante mediante la violencia de que la gente pueda expresar su opinión en las urnas. Creo que es de tener una poca visión, primero política, lamentable, teniendo en cuenta que es una situación que con los años se ha ido agravando y que se podía haber finiquitado mucho antes. En cuanto salen dos millones de personas a la calle hay un problema político que no se puede atajar de otra manera que no sea haciendo política. Haber llegado al punto en el que se tiene a gente como Oriol Junqueras,  Los Jordis, como el resto de  consellers o Anna Gabriel en el exilio…no debimos llegar jamás a este punto y la única solución es política y democrática. El resto, lo llamen como lo llamen, es represión y es una manera muy cortoplacista que no se va a acabar tan rápido.

Hablando de bandos, también eres uno de los grandes enemigos de la prensa de derechas, de los  trolls de las redes sociales, ¿cómo gestionas esta exposición?

No me preocupa demasiado, yo bloqueo mucho en Twitter, me parece una herramienta fantástica. De hecho, me hace mucha gracia porque hay quien ve una contradicción en defender la libertad de expresión y bloquear en Twitter, que me hace mucha risa porque digo: “pero sí tú puedes seguir, yo no te estoy impidiendo que tú me digas cosas, lo que pasa es que tengo derecho a no leerlas”. Creo que en eso se basa precisamente una buena defensa de la libertad de expresión, yo no quiero cerrarte la cuenta, yo quiero que tú digas tus cosas pero yo no quiero escucharte, leerte ni verte. En esto se basa una defensa coherente de la libertad de expresión, en dejar que cualquiera digo lo que quiera, pero no tener la necesidad de verlo o de mirar hacia otro lado si te molesta.

Pero tú también te iniciaste siendo un  troll de Internet, tu avatar era una caricatura, llegaste a hacer  Trending Topic un falso golpe de estado en Portugal, ya estuviste en el otro bando.

Sí, lo sé gestionar porque yo he sido un idiota que se ha dedicado a molestar a gente en internet. La época en la que más me dedicaba a insultar o molestar a gente era cuando no tenía absolutamente nada que hacer, mi vida estaba vacía, no tenía prácticamente futuro…y me pongo en el lugar de esa gente y digo: “¡Joder, no te pases que seguramente sea gente con problemas que ya encontrará un camino y una senda!”. No me lo tomo nunca como algo personal.

¿Por qué hay que ir a tu show?

Porque creo que el principal reclamo es que al ser un show que no se graba puedo contar públicamente muchas cosas que no he podido contar delante de las cámaras o de un micro. Hay muchas historietas internas de todo lo que he vivido que están interesantes de escuchar. Además, voy a tener la suerte de que en el show de Gran Canaria el domingo me va a presentar Toni Mejías, de  Los Chikos del Maíz, al que he liado de manera asquerosa porque me dijo que igual me acompañaba al show. Le dije que si venía, tendría que hacer algo. Voy a ver si le saco del rap y lo meto en la comedia, que el rap ahora está demasiado peligroso como para seguir haciéndolo. Prácticamente estoy haciendo un programa de reinserción social y lo que quiero es alejarle de ese mundo tenebroso de la rima porque ahora se está más seguro haciendo chistecitos. De momento estamos mejor así.

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