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Déjennos en paz/Editorial de CTXT Featured

Que el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y la portavoz en el Congreso, Irene Montero, hubiesen comprado un chalé en la sierra de Madrid era, hasta el 19 de mayo, un asunto privado, por más que la prensa basura y la adicta al clic alimentaran la enésima campaña de acoso contra los dirigentes del partido. Lo seguía siendo a pesar de que a ambos se les hubiera ido la mano con la transparencia. No necesitábamos saber las herencias futuras, ni los préstamos presentes. Tampoco, por cierto, enterarnos de que iban a ser padres a través de Facebook. Los embarazos no incapacitan a las mujeres, y sus anuncios son más propios de las revistas del corazón y de los personajes que las ocupan. Se entiende que Iglesias y Montero traten de evitar con esos comunicados las exclusivas de los tabloides, pero no deja de ser una enorme ingenuidad: la prensa sin escrúpulos tiene barra libre, y la única estrategia razonable ante sus ataques es no solo parecer intachable, sino también serlo.

Como asunto privado, no quisimos entrar a valorar la estética de una decisión que, cuando menos, aleja a Iglesias de aquel político joven que conocimos en los platós de televisión batallando contra la casta. El secretario general de un partido que se dice deudor del 15M debería medir las consecuencias de comprar una casa de 600.000 euros cuatro años después de entrar en política. Asaltar los cielos y cargar contra los privilegios de los de arriba quizá sea más difícil a 40 kilómetros de Madrid y desde una parcela de 2.000 metros cuadrados. Entrar en las instituciones, cobrar buenos sueldos y pasar la vida rodeado de cámaras tiene estas cosas: te aleja de la calle, de la realidad y de las bases.

La rueda de prensa conjunta, convocada con dos horas de adelanto un sábado por la tarde, trasladó finalmente lo privado a lo público, y, por tanto, a lo político. Iglesias y Montero comparecieron para anunciar que someterán su decisión a una consulta con las bases del partido. El casi medio millón de inscritos en el censo tendrá que responder sí o no a la pregunta: “¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la Secretaría General y de la portavocía parlamentaria de Podemos?”. Los líderes del partido y su aparato han optado por trasladar la responsabilidad de una decisión personal a las bases. Serán los simpatizantes, y no ellos, los que tendrán que manifestarse sobre la coherencia ética de sus actos privados. Y, en el fondo, decidir la continuidad del secretario general, sobre la que no parece que haya una alternativa inmediata. Y, más allá, provocar, o no, la ruptura de su partido. Un despropósito. Puro Mundo Today. 

El código ético de Podemos no detalla cómo deben ser las casas en las que viven sus representantes, pero sí habla de la limitación salarial, la rendición de cuentas y la transparencia en cuanto a ingresos y gestión del patrimonio. Es, en definitiva, esa forma de estar en política y en el mundo que el alcalde de Cádiz, José María González Kichi, había resumido en un comunicado hecho público un día antes como “el compromiso de vivir como la gente corriente para poder representarla en las instituciones”.

El plebiscito parece responder a la incapacidad de resolver el asunto por la vía del diálogo interno, uniendo a las distintas sensibilidades que existen en Podemos y buscando el respaldo del conjunto del partido. Pero el plebiscito chalet sí, chalet no, Pablo sí o no, líder sí o no, confirma la línea bonapartista de Iglesias desde el primer Vistalegre, que también planteó como un plebiscito: o sale mi opción o me voy. Ahora, tras un grave error de cálculo al no prever la reacción interna, social y mediática, la consulta traslada este error al conjunto del partido. Parece una forma de acallar cualquier crítica interna: o estás conmigo o estás contra mí y defiendes que me vaya al paro, fuera del Congreso y humillado públicamente.

Usar las herramientas democráticas del partido en beneficio propio, como si ellos mismos fueran el partido, para votar sobre un asunto particular, sienta un precedente inútil, inquietante y risible. ¿Qué será lo próximo, consultar si deben contratar a un jardinero y alicatar la piscina? ¡Por favor! No se crean tan importantes. Si los militantes están en desacuerdo con su conducta ya lo dirán en el próximo Congreso de Podemos. Y si los 5 millones de votantes lo rechazan, lo dirán en las urnas. Nosotros les dejamos en paz si ellos nos dejan en paz. Pero dejen de dar la lata con cosas así, por favor.

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